Narrativa

De fobias #4: La noche

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Ilustración de Shawn Cross.

Cuando llega, llega. Despedaza luces, sonrisas y desemboca en coordenadas de lágrimas ácidas que recorren mi cara hasta caer en el pecho que me apreto con ánimo de hacerle respirar. Desde que era niña encontraba en sus espacios un pesar. Y es que como muchos gustan de estar en la oscuridad de los sentimientos, del conocimiento, del espíritu, yo  rechazo sus tentáculos amenazadores. Todo comenzó una noche en que no pude contemplar el sueño, era apenas una niña. El que no sabe de amores, llorona, no sabe lo que es martirio. Yo salí de mi habitación para tomar un poco de agua, me dirigía a la cocina cuando lo escuché sollozando. Volteé para ver qué era y ahí estaba el pequeño, llorando y sentado en el sillón. Me pregunté qué hacía mi hermanito llorando en la sala, por qué no estaría en su cuarto, durmiendo. Tapame con tu rebozo, llorona, porque muero de frío.

—¿Qué te pasa, Arielito? ¿Qué tenés?

Solamente podía distinguir su silueta, la oscuridad es engañosa. Pero lloraba tanto que me acerqué para consolarle. Me senté a su lado y me sentí rara. Pero quería saber qué le pasaba.

—Arielito ¿Querés que le hable a mi mami?

Y él se detuvo por un momento. Noté que puso su cabeza entre las manos y se apoyó sobre sus rodillas. Yo no sabía qué hacer y comencé a acariciar su cabeza shhh, shhh. Todo va a estar bien.

Levantó la cabeza y me volteó a ver por un momento. Logré distinguir que sostenía su mirada sobre mí sin moverse y sin decir nada. También logré observar algo raro en su cara, mientras mi vista se aclaraba, noté que su cara era diferente, que algo parecía diferente a Arielito. Me sentí rara, sentí miedo y me levanté rápidamente para buscar la luz de la sala, tratando de tantear con las manos para no golpearme con ningún mueble. Finalmente la encontré y al encender la luz volteé hacia el sillón y él ya no estaba. Habia desaparecido.

El corazón me comenzó a palpitar rápidamente y corrí hacia el cuarto de Arielito para buscarlo. Al entrar noté que no estaba en su cama, entonces comencé a llamarlo por su nombre «Arielito, Arielito ¿Dónde estás?». Me dirigí hacia el cuarto de mi mamá y ella abrió la puerta antes de que yo llegara:

¿Qué pasa, qué pasa, hija?

 Es Arielito, Arielito, no está en su cama, se escapó, se escapó y está golpeado y estaba llorando en la sala le dije ya desesperada y ahogada en llanto.

Shhh, shhhh, tranquila hija. Todo estará bien — me dijo mi mamá mientras me abrazaba—  Ese no era Arielito, no lo era. Vos sabés que no.

― Pero él…él lloraba.

― Lo sé, lo sé. Ahora vamos a tratar de dormir ¿sí? ¿Querés dormir conmigo en mi cuarto?

Sí mami…sí. Pero con la luz encendida, necesito la luz encendida dije impaciente y aterrorizada.

Y me fui con ella a dormir a su habitación. Ay de mí, llorona, llorona. Su foto continúa en la mesita de noche de mi mamá, la de Arielito, cuando tenía cuatro años, un año antes de que muriera. Y yo desde ese día no puedo dormir sin al menos una luz cerca de mi cama, porque si se apaga, si hay un tan solo encuentro con la oscuridad entonces lo escucho, lo escucho sollozar, y lo veo, sentado en el sillón, o en la esquina de mi cama, y siempre, siempre está viéndome.

Sara Rico-Godoy**

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Una nueva etapa para el blog: Adiós, maga.

¡Saludos lectores!

La bitácora del día de hoy tiene el fin de informarles sobre la nueva etapa en la que entrará el blog a partir del primero de octubre, día que también me hago un año más vieja.

Ya hace cuatro años que el blog se conoce con el nombre de “Blog de una maga”, como ustedes ya saben. El seudónimo surgió desde los años en que participé en concursos de poesía y cuento utilizando el mismo, tanto por mi gusto por la magia potterniana, como por el famoso personaje de Cortázar.

Pero, como en todo, ha llegado el tiempo de cerrar ciclo. Como muchos habrán notado, la página llevó el dominio de blogdeunamaga. com por casi dos años, pero hace unos diez meses decidí descontinuarlo para dar a conocer el blog con mi nombre real. Quise hacer la transición poco a poco y finalmente encontré el día perfecto para cambiar el nombre del blog, que pasara de ser “Blog de una maga” al “El blog de Sara Rico”.

El cambio se debe a muchos factores. Me di cuenta que entrar a la edad vigésima octava significa para mí el acceso a una adultez que me he rehusado a acoger. Es entrar al ascensor hacia el tercer piso. Otro de los factores es que ya comienzan a surgir blogs de magos y magas ilusionistas reales -yo no lo soy- y yo comienzo a ser confundida por maga real en dicho gremio que no es el mío. Otro factor es que mi predilección por dicho seudónimo ya forma parte de una etapa en mi vida que ya no existe, si bien aún rindo culto a las maravillas creadas por J.K Rowling, ya no guardo afinidad con el personaje de Lucía la maga. Nunca tuve nada en común con ella y supongo que mi admiración venía de un deseo melancólico por ser una romántica pos-moderna (como todos los somos al comienzo de los veintes).

Sin embargo, no pienso renegar de un pasado literario gratificante y que me ha hecho quién soy hoy. El título de Blog de una Maga siempre guardará un espacio importante en mi corazón, pero es momento de avanzar y ser felizmente la académica e investigadora en la que me estoy convirtiendo, la cual difícilmente se identifica con un seudónimo como ese.

Agradezco a todos los que se dejaron llamar “magos lectores” por mí. A los que abrazaron mi magia y también me la dieron. Solo les aviso que dentro de poco verán su lector/timeline con una maga ausente, pero con una investigadora y académica que surge.

Hasta siempre, maga. Te dejo volar.

Sara Rico-Godoy.

Narrativa

De fobias #3: El parking

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Ilustración de Kate Louis Powell.

Veníamos de hacer el shopping mensual «Que ya viene tu cumpleaños», dijo mi mamá. Pensé que iríamos a casa, sí, a mi lugar seguro y tranquilo donde solo estamos ella y yo, todo el tiempo. Cargaba las bolsas, estaba feliz con mi ropa nueva, de Dalilah’s, que es la única tienda donde me siento cómoda, es que es de mediano tamaño ¿Sabés? no hay mucha gente, tiene salida fácil hacia la calle. Quién sabrá el súbito deseo de mi mamá por buscar un ATM y sacar dinero en ese preciso.

—Podemos ir al del banco en la esquina cerca de la casa, má. ¿Por qué ir hasta el mall? —le dije a mi mamá.

—Ahorita estamos más cerca del mall , necesito ese dinero ya.

—¿Pero qué diferencia hay entre tener el dinero ahorita y hasta que lleguemos a la casa? Sabés lo que me pasa cuando voy al mall. —Yo a ese punto ya molesta, le reclamé y le recordé lo que me pasa.

—Ok, ok. Voy a ir yo, te dejo en el parking, si querés.

El parking. ¿Quedarme sola en el parking?

—Será solo un rato, hija. Tranquila.

De pronto entramos, oscuro, lúgubre. Pensé que nos estacionaríamos cerca de la salida, pero estaba lleno de carros. Mi mamá siguió y siguió. Subía de nivel a nivel. Comencé a sentirme rara, comencé a preocuparme. Por fin encontramos un lugar y ahí nos quedamos.

—Ya vuelvo ¿ok?

No, no estaba ok.

—Ok, pero no te tardés —fue lo último que le dije antes que se fuera.

Y mi mamá cerró la puerta haciendo un sonido estruendoso que me recordó que me quedaría sola ahí. Comenzaba a sudar, y pensé que debí haber ido tras ella. Pero no. No podía. La gente, los gritos, el espacio, mi aire. Viendo las imágenes de todo eso pasar por mi mente me vuelve loca.

Respirá, respirá.

El carro había quedado abierto, así que podía salir. Decidí hacerlo, salí y me sentí mejor. Me apoyé en la puerta del carro y crucé los brazos. Ahí esperaría. Pensaba que vería carros pasar, gente caminando, pero no fue así.

¿Dónde estoy? ¿En qué piso quedamos?

Muchas preguntas comenzaron a invadirme y decidí caminar más. Vi a mi alrededor, había pocos carros y ni una tan sola persona.

¿Donde están todos? 

Comencé a caminar más rapido. Pensé en buscar la salida, pero el parking era inmenso. No veía el ascensor, no veía escaleras. Mi respiración se agitaba, sentía nervios en el estómago. No podía pensar bien. Caminaba más y me confundía, volvía hacia atrás y me dirigía hacia el lado contrario. Luego, perdí de vista el carro.

Puta ¿Y el carro? ¿Cómo salgo de aquí ahora? 

Pensé en el carro, debía llegar el carro y sacarlo de ahí  para esperar a mi mamá afuera. Pero ahora se había perdido. No recordaba de qué color era, ni cómo era, nada. Comencé a desesperarme. Corrí y vi una camioneta color terracota a mi lado derecho «Se parece a la de mi papá», pensé. Y me acerqué. Pero luego comencé a recordar, y me detuve. Di tres pasos hacia atrás, asustada y quedé petrificada viendo la camioneta. No me quería mover. Los recordaba a ellos dos, adentro del carro, desnudos, sudando. Sentí miedo, no podía respirar bien y decidí alejarme de la camioneta. Comencé a caminar de nuevo, más rápido.

El carro, ¿Dónde está el carro? por favor.

Y comencé a llorar mientras corría. Lloraba más cada vez. El sitio se hacía más grande frente a mis ojos. Era tan grande que me desesperé, me desesperé yo no, no sabía qué hacer. Tenía que salir de ahí. Sentía que la respiración se me cerraba, el corazón me palpitaba rápidamente. Casi se me salía.

Me voy a morir, nadie me va a poder ayudar, me voy a morir.

Corrí frenéticamente, llorando y gritando, hasta que finalmente, me detuvo el embiste de la camioneta terracota. No la escuché, no la sentí. Todo pasó muy rápido. Me suspendí en el aire en cuestión de segundos y después caí en el piso de concreto del parking. Recuerdo voces, gente comenzó a rodearme. Me preguntaban si estaba bien.

¿Y dónde estaba toda esa gente antes?

Y no recuerdo nada más después de eso. Y por eso estoy aquí, miráme. Pierna rota y cuello lastimado. Mi mamá luego vino por mí, asustadísima. No entiende qué andaba haciendo yo en el nivel tres si ella había estacionado en el cinco del parking. Me dice que la camioneta que me atropelló era negra, que estaba segura porque vio los videos en la cámara de seguridad. Pero no, no. Yo sé lo que vi. «Era terracota», le dije, «Terracota como la de mi papá».

Sara Rico-Godoy.

 

 

poesía

Nostalgia en 15 de septiembre

Calle de los juzgados” pintura de Héctor Cortes.

Se me ofuscó la sonrisa

Bajo el velo de distancias

Las que separan a cada alma,

Y donde no queda ningún escondrijo

Donde enterrar las ansias

Y el anhelo

Por volver.

Nos volvemos niños

Descalzos que transitan las avenidas

Pobladas de flores amarillas

Y vendadas de despedidas

Heridas de palabras

Altisonantes,

Efímeras balas

Gritos impotentes.

Rimas vencidas,

Pero que se tatúan

En cada instante y en cada espina

De corazones palpitantes.

Y hoy es poesía

La que me brota de los poros abandonados,

De las lunas ya nunca vistas,

De mí y de vos,

Y de la vida.

La Maga**

Narrativa

De Fobias #2: La visita

No logro saber si lo que me pasó es real o no. Pensé que estaba soñando cuando se me apareció en la habitación del hotel, número 94. No era como la que vi cuando tenía once años, aquella alimaña pequeña sedienta de sucio y escombro, cafecita, de cuerpo ovalado y ojos grandes. Esa vez mi mamá acudió a mis gritos desesperados y bastó un zapatazo para acabar con la vida de aquel ser vivo espeluznante y desagradable. «Tenía alas» fueron las palabras de mi madre antes de disponer del cadaver del espécimen.

De ahí en adelante mi terror hacia ellas incrementó. La idea de que pudieran volar me producía pavor e incertidumbre. ¿Y si un día volaban directo a los agujeros de mis oídos, se introducían y devoraban mi cerebro lentamente? Tenía que dormir completamente arropado todas las noches, metiendo la cabeza bajo la sábanas.

Pues el día que ella se apareció en la habitación 94 yo me petrifiqué. No lograba moverme de la cama. ¿Acaso mis brazos ya no eran brazos sino patas? El peso de mi cuerpo se sentía diferente. Gregorio Samsa. Pero no, no me había metamorfoseado en bicho perverso, mi cuerpo seguía siendo mi cuerpo y mis ojos, mis ojos. Y estaba seguro de lo que veía. Era gigante, negra con detalles cafés, alada, las patas velludas y lánguidas. Su tamaño total abarcaba el espacio entre el suelo y el techo de la habitación. Comenzó a alzar las alas y voló a un lado de mi cama. Luego me susurró al oído: «Por fin hemos venido por ti».

Cuando desperté, la cucaracha aún seguía ahí. No, es que no dormía, estaba despierto. Y entonces me contó de sus planes, del universo, de Kafka y sus estereotipos, del fuego, de los insecticidas más eficaces, de la vida efímera de los insectos.

Finalmente, introdujo una de sus patas enormes en mi oído. Sentí un zumbido insoportable y me desmayé. Hoy desperté en la misma cama de la habitación 94, y ella ya no estaba. Pero me ordenó que les diera este mensaje:

«Nosotras viviremos más que ustedes».

Sara Rico-Godoy.

bitacora

Fobias

Ilustración de Javi de Castro

¡Saludos magos lectores!

Como ya habrán leído mi entrada anterior “La reina”, les quiero comentar que esta es la primera entrega de la serie titulada “Fobias”. En esta serie se manejarán seis relatos (para la incomodidad de los obsesivos con los números pares), donde exploraré senderos ocultos de algunas de las fobias que existen en el mundo, algunas más conocidas que otras. Como lo prometido es deuda, inauguro con esta bitácora mi experimento con la literatura de terror psicológico, proyecto del cual ya les había comentado en una bitácora anterior.

Espero disfruten de esta serie, no olviden dejarme sus comentarios y reacciones.

¡A leer y a temer!

Sara

-La Maga**

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Sorteo Aniversario: Lista De Autopublicados

Paula De Grei

Sí, así como lo leen: ¡habemus mega sorteo!

Setiembre es el mes que dio a luz a esta iniciativa hace ya un añito ni más ni menos, y por esta ocasión, 32 autor@s nos pusimos de acuerdo para realizar un extraordinario sorteopor Twitter.

¿Cómo participar?

  1. Retwitteando el Tweet con el pack de libros que te interesa: hay 8 packs (podrás participar en todos pero solo saldrás ganador una única vez)
  2. Siguiendo a las cuentas involucradas en el Tweet que te guste
  3. Etiquetando a tres amig@s en los comentarios

¿Cuáles son los premios?

32 obras en sus formatos electrónicos: mobi o ePub. ¡Cortesía de autoras y autores integrantes de la lista!

¿Cuántos ganadores hay?

Hay 8 packs de de 4 libros cada uno, eso quiere decir que hay 8 ganadores que se llevarán 4 libros cada uno 😀

¿Quiénes pueden participar?

Todas las personas interesadas; los integrantes de la…

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Narrativa

De fobias #1: La reina

Ilustración de Shawn Cross.

Contemplaba la playa, desde mi sueño. Dormía plácidamente la noche en que la vi la primera vez. Me saltó a la cara esa noche, logré sentir cada una de sus patas alrededor de mi cara, cada una de sus extremidades locomotoras apresaban mi piel estirándola. No podía gritar ni moverme. Era ella, la reina. Me habló y me dijo que donde estuviese su corona ahí reinarían ella y las demás. Lograba ver su cefalotórax de color café, peludo. Se movía en cámara lenta, caminaba por mi cara, bailaba. Que buscara la corona, demandaba. Pero no podía moverme, ¿cómo iría a buscar su corona?. No podía articular palabra ¿cómo le diría a esta Elizabeth que no podía moverme para buscar su corona? Debí haber ido a la playa esa semana, Mireya me lo dijo, varias veces. Que la corona debía ser devuelta, que con esas cosas no se juega, que la reina espera atentamente por quién robe la corona.

Y volví a la playa. Ya nunca más salí de ahí.

La Maga**

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Los 12 relatos para que me creas, ha llegado a su fin

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¡Saludos magos lectores!

Hoy escribo esta entrada para agradecerles por acompañarme en este viaje de Los 12 relatos para que me creas. Ha sido una vorágine de historias, personajes y sentimientos. Cada relato que se me entregó o que escribí a partir de la experiencia personal, tuvo gran impacto en mi vida. Como les había mencionado en una bitácora anterior, la experiencia de escribir cada relato tuvo sus peripecias, algunos relatos fueron más difíciles de digerir que otros. Muchas veces no quise sentarme al ordenador para escribir, mi mente me decía “No quiero, no puedo”, hubo demasido dolor en algunas de las historias que me fueron confiadas, y por eso me ausentaba por varios días, o semanas. Fallé en entregar un relato cada semana, pero muchas veces mi mente divagaba en si debía contar eso o no, a veces el relato ni siquiera era una experiencia mía pero no sabía, no encontraba palabras que pudieran relatar una vivencia ajena y tan dolorosa. Mi sensibilidad tuvo que llegar a su punto máximo para poder identificarme en las historias. Hubo, incluso, una ocasión en que publiqué el relato tal y como me fue entregado, tal es el caso del relato número diez, el cual no fue escrito por mí, sino por la persona que me lo confió.

El relato más ensordecer, a mi parecer, es el relato final, el cual por eso decidí dejar para el cierre. Mi idea fue comenzar con un relato “inofensivo”, para luego en un aumento de intensidad acabar con el relato más cruel y doloroso. Lloré mucho al escribir ese relato, dudé mil veces si contarlo o no, pero creí que lo haría por ella, por la “Julia” verdadera, la cual sé que donde sea que esté descansa por fin al ver su historia finalmente contada.

Nada más que agradecerles por los comentarios, los likes que en un total fueron 398 por toda la serie, y por confiarme sus vivencias para dejarme publicarlas en esta colección, la cual es solamente un intento más de hacer conciencia en las personas sobre el abuso, tanto a mujeres como a hombres. Hay que hablar, hay que dejar el miedo, hay que usar la voz, que es el arma más poderosa que poseemos. Pero sobre todo HAY QUE CREER.

YO SÍ TE CREO.

Gracias infinitas, y cerramos ciclo.

Sara Rico-Godoy,

La Maga**