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Volviéndome a encontrar con Carmen Martín Gaite

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Me devuelvo a 2016 cuando leí por primera vez algo de Martín Gaite. Me sorprendió el hecho de que tal escritora pasara bajo mi lupa muy desapercibida en años anteriores, pero por gracia de la vida me encontré con ella en su Cuarto de atrás; ya después fue Entre visillos, y luego en su literatura infantil. Para mí Gaite es de lo mejor que produjo España en la literatura de la segunda mitad del siglo XX. Su estilo, su lenguaje, sus imágenes, sus emociones y todo el cuadro que pinta cada vez que escribe es parte de ese deleite por el que uno atraviesa cada vez que la lee.

Yo conocí a Martín Gaite como narradora, sin embargo no es todo lo que fue. La escritora también fue poeta, ensayista, guionista y dramaturga. Su nivel de producción fue abrumador, así que no por nada fue galardonada con algunos de los premios más importantes como el premio Príncipe de Asturias, entre otros.

Esta vez me encuentro con ella en su etapa de ensayista e investigadora. Su Usos amorosos de la posguerra española me devuelve al estado sorprendido de quién se encuentra leyendo a esta mujer por primera vez. Había olvidado su ingenio y su dominio impresionante de la lengua para retratar los problemas sociales de las mujeres de España y del mundo; así como su originalidad a la hora de escoger temas a tratar en sus obras, generalmente aquellos que nadie escogería dentro de lo aburrido de la cotidianidad.

Agradezco a la vida y a España por regalarle al mundo a Carmen Martín Gaite. A veces siento que es necesario tomarse un momento para hacerlo.

Sara Rico-Godoy.

poesía

Cuando lo volví a ver…

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Ilustración de Paula Bonet

Lo volví a ver,

cerca de los inviernos mortales de aquel lugar.

Su mirada distante, su sonrisa tatuada

y su esfuerzo inútil por el abrazo sincero:

el mío,

el que siempre fue sincero

sin cero.

 

Mas el suyo jamás lo fue,

Su nombre escrito en el cielo dejé.

¿Cómo se habrá sentido él, sentado en su trono allá?

Del que cayó, inevitable dolor.

Así como sentí yo

la noche de su traición

envuelta en espinas de flor azul

y amarilla la luz

que se metía por la ventana

al amanecer.

 

Y ¿Qué hay de la noche en que lloré?

La noche en que lloré en el club

Las noches en que lloré amarga secreción

Las noches en que lloré de llorar, llanto.

y que es recuerdo del fracaso

de la mujer,

que para él solo fue

hembra.

 

Pero es la que ahora se levanta

cada mañana

en el calor de un amor

que comprende,

el sacrificio del que todo entiende

aunque a veces duele,

aunque a veces pegue

la que hoy se ve al espejo y ríe

y no llora

y no tiene deseo de ver

qué hay más allá del Niágara

qué hay más allá del ser.

 

Sara Rico-Godoy.

 

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Lo que me depara el 2020….

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Llegaron. Esos días en los que sentimos que la vida nos da oportunidad de comenzar de nuevo (aunque no es cierto, nuestra vida sigue exactamente igual pero ¡bah! año nuevo significa repetir el ciclo y vivir nuevas cosas, y así lo creemos).

Que si empieza otra década, que si no. Que si las resoluciones, que si mejor cero resoluciones para no decepcionarme al no cumplirlas; en fin. Un año nuevo significa muchas y distintas cosas para cada persona.

Para mí significa un año clave. En este año cumplo 30 años; en este año sabré si seré candidata a doctorado, y también en este año haré un viaje con el que he soñado toda mi vida. Aún no pienso revelar más detalles de ninguna de estas cosas ,ya que soy tan paranoica que siento que si las comparto del todo no sucederán, por lo que necesitaré un tiempo.

Pero, lo que sí quería compartiles es que ya hice mi lista de resoluciones y las incluiré -no todas- en esta entrada para revisitarlas a final del año y ver qué cosas logré. Quiero hacer este experimento para poner a prueba mi compromiso y mi convicción de lograr las cosas que me propongo. Aquí van las más importantes:

  1. Comenzar mi disertación
  2. Pasar mis exámenes de comprensión y ser ABD
  3. Ahorrar más
  4. Reducir mis deudas
  5. Publicar más
  6. Participar en al menos tres concursos literarios
  7. Aprender a manejar y obtener mi licencia (ya, finalmente)
  8. Realizar con éxito mi viaje a mitad de año
  9. Trabajar más en mi salud mental
  10. Reconectar con mi lado espiritual

Tengo otras micro-resoluciones que espero cumplir, pero por los momentos comparto las más grandes e importantes. Sé que algunas pareceran la típica frase de libro de autoayuda, pero la verdad es que muchas son necesarias para equilibrar mi vida. Quizás esta lista les de alguna idea para armar la suya ¿Cuales son sus resoluciones para este 2020?

Sara Rico-Godoy.

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Esas navidades en Honduras

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Comienzo a extrañarlas, las navidades en mi patria, de donde soy.

Normalmente me levanto para escuchar el jolgorio de los niños del bloque, quienes ya desde temprano comienzan a quemar pólvora (esa parte no la aprecio, los animalitos sufren; sin embargo, extraño el ambiente festivo que rodea esa locura pirotécnica). Las señoras se ven andando de un lado a otro, con bolsas, saludándose una con otra “-¡Feliz navidad, usté!, -Igual para usté Luisa. No’ vemos!”. A veces toca ir a hacer unas últimas compras, quizás al supermercado, quizás al mall, y todo sitio está lleno de gente preparándose para la Noche Buena. Todo el ambiente es de locura. Hay tráfico por todos lados. Algunas casas huelen a tamales, otras huelen a torrejas. Mi papá comienza a preparar su deliciosa comida para la cena, y yo me preparo pensando en qué ropa me pondré (de niña siempre tenía “estrenos”, es decir, ropa nueva para usar; pero ya llegada la adultez eso se acaba).

Algunos 24 voy a misa; otros me quedo en la casa viendo películas de navidad o capítulos navideños de mis series favoritas. Luego, generalmente con mis papás, vamos a visitar a mi abuela dónde siempre unas deliciosas torrejas en leche y una probadita de la cena navideña me esperan. Me entretengo viendo el árbol de navidad, platicando con las tías, las primas; y también tomando una que otra foto, para el recuerdo.

Ya cerca de las 12 nos regresamos a la casa para esperar la media noche. Preparamos la mesa y la comida, y cuando el reloj marca las 12 destapo al Niño Jesús o lo saco de su escondite (por ser la menor de mis hermanos es mi trabajo hacerlo, es una tradición). Todos nos damos el abrazo y el típico ¡Feliz Navidad! acompañado de mucho ruido de pólvora y música proveniente de las calles. Y finalmente, nos sentamos a degustar lo que mis papás prepararon, normalmente pierna de chancho o pollo, ensalada de papas navideña, a veces arroz, y lo que nunca falta: el famoso recado de mi papá, el cual es una especie de relleno hecho de carne molida y vegetales ¡es un manjar!

Después de eso no falta un vino, acompañado de una buena conversación de dos horas. A veces nos vamos a dormir después de eso, a veces vamos a la casa de alguien. La verdad es que el plan nunca es el mismo.

Este año no estoy ahí para hacer nada de eso. Este año yo me encargo de hacer mi propia navidad. Pero es extraño, no lo voy a negar. Aunque a veces mi navidad parezca rutinaria y para muchas familias sea algo diferente, es una época bonita.

Quien sabe este año a qué hora comience el bullicio de los niños de la cuadra, quién sabe a qué hora sean las misas de navidad. Quien sabe las personas que vayan a estar en casa de mi abuela y si habrá torrejas en leche. Quien sabe si mis papás cocinarán su platillo de siempre, o agregarán algo nuevo al deleite. Quien sabe quién destapará al Niño Jesús o lo sacará de su escondite. Quien sabe cuál será el plan después de la cena.

Sara Rico-Godoy**

poesía

Por eso me fui

Mark Acetelli Resolution. 2016

Me fui porque los recuerdos ya no son los buenos

Porque las que alzan la voz son ridiculizadas

porque decidirme por mi vida es herida injustificada

porque adornar mis discursos de miseria es lo único aceptable.

 

Por eso me fui,

porque no soporté los gritos del fanático

no soporté culpa en la entrepierna

No soporté la hipocresía

La habladuría de las viejas,

El encierro ideológico

La vida

que no es vida.

 

Me fui por la amiga que se quedó sin papá

Me fui por el primo con depresión que nadie ayudó y ya no está.

Me fui por mí, me fui por ellos…

Me fui y no vuelvo.

 

Me fui porque la calle es estado de excepción

Me fui porque las vidas son nudas vidas.

Me fui porque irme

es lo único que tenía.

 

Sara Rico-Godoy**

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Diciembre y los 5 años de mi blog

Se llega el último mes del año, aquel en que reflexionamos sobre si logramos lo que esperábamos durante el año o no. En mi caso logré un par de cosas, pero no todas. De todas formas me siento agredecida con Dios y con la vida. Fue un buen año -de los mejores que he tenido hasta ahora- y me quedo con mucha emoción por lo que viene el este 2020.

Por cierto ¡mi blog ya tiene cinco años! esta mañana desperté con la notificación y se dibujó una sonrisa en mi rostro. Recordé cómo comencé por aquí, con un par de seguidores y con el nombre de “Blog de una maga”. También hace cinco años emprendía una de las mejores aventuras de toda mi vida: estudiar una maestría en el extranjero, y era esta la época de las despedidas. También estrenaba una nueva sonrisa -usé frenillos por dos años, no se imaginan mi sonrisa del antes-.

Lo que es curioso es que justo ahora me encuentro de nuevo usando algo en mis dientes para corregirlos (después de la muerte de mi retenedor, mis dientes decidieron buscar sus posiciones anteriores y sus viejos hábitos para joderme la vida); y de nuevo me encuentro preparando una gran aventura para el año que viene (se viene viaje y se vienen blogs muy bonitos).

Pero en fin, les comparto mis mejores momentos y logros de este año hasta el momento:

  1. Viajé a Honduras y estando ahí visité Comayagua, El Progreso y Tela.

Disfruté tiempo de calidad con mis amigos más cercanos y mi familia. Ese viaje no lo cambiaría por nada, ya que también fui a la boda de una amiga y logré ver a amigos que hace mucho tiempo no veía.

2. Presenté en varias conferencias

Mis investigaciones se hicieron escuchar tanto en la ciudad que vivo -Knoxville- como en Auburn en Alabama y Litte Rock en Arkansas.

3. Logré comenzar un nuevo tratamiento para corregir mi sonrisa

Mi sonrisa siempre ha sido motivo de inseguridad para mí. Como mencioné anteriomente, al usar frenillos mi sonrisa se arregló pero el efecto no duró mucho al arruinar mis retenedores y no seguir usándolos. En consecuencia mis dientes se comenzaron a mover y mi sonrisa ya no era tan halagadora. Pero con los invisible aligners que estoy usando ahora en seis meses mi sonrisa será la que siempre debió ser.

4. Descubrí una nueva pasión por correr

¿Quién lo diría? pero tiene sentido. En la escuela, cuando fui mala en TODOS los deportes, recuerdo a mi profesor de Educación Física decirme: “Usted para lo que sí es buena es para correr”. Siento mucho haber seguido su consejo quince años después profe, pero aquí estoy. Cuando corro me siento libre, me siento fuerte y me siento en control.  Mientras corro me encanta ver los paisajes, observar a la gente y a sus perros. Me encanta correr al ritmo de la música y me fascina lograr las micro metas que me propongo al inicio de cada sesión.

5. Me compré mi primera guitarra

Se llama Dolly -por Dolly Parton- y es mi nueva mejor amiga. A veces cuando me siento frustrada, sus cuerdas son mis mejores aliadas.

Esas son algunas con las que resumo mi 2019. Por supuesto hubo muchas otras como conocer nuevos amigos, bajar unas cuantas libras de peso, comenzar a salir un poco más, tratar de no estar tanto en las redes sociales y retomar el blog que estuvo un poco abandonado un par de meses.

¿Las cosas que NO hice? Esas no las voy a mencionar. Me quedo con lo que sí cumplí y que por el momento me hace feliz.

Al final del mes compartiré mis resoluciones, tal vez al escribirlas lo siento más como un contrato y me obligo a realizarlas.

Sara RG**

 

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Una ruptura digital

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Ilustración de John Hernandez

He llegado al fin, al hastío, al cansancio. 

Hubo un día en que las redes sociales (Facebook, Twitter, etc) me servían como pared de lamento, diario de desahogo, portal para compartir momentos, pensamientos, escritos, en fin. Pero, tristemente, todo cambió y ahora el mundo de las redes sociales se ha convertido en un campo de batalla, donde tu opinión y mi opinión son contrarias; donde si lo que decís no me gusta, te lo haré saber con insultos anónimos.

Ya no puedo más.

Algunos dirán que esto es dramático, exagerado, radical. No me importa. Si tanto piensan que lo es, entonces los invito a que un día prueben vivir dentro de mi cabeza, cabeza que a veces va a mil por segundo con pensamientos negativos, con zozobra, con miedo: “¿Por qué dije eso? No lo hubiera dicho”, “¿Qué habrá contestado? No quiero ver”. A veces no dormía bien pensando en si fulana se iba a enojar por el comentario que hice en su foto. Le tengo TERROR a la confrontación. Mi corazón late fuertemente cuando alguien me hace un comentario negativo o me contradice. Las manos me sudan, se me contraen los músculos del estómago y de la espalda.

¿Trastorno de ansiedad generalizada?….

Cuando ya tu participación en las redes sociales comienza a deteriorar tu salud mental es hora de parar porque NO es normal y no se supone que deba pasar.

Hace días quería cerrar mi perfil de facebook (un paso grande para mí puesto que siempre he sido muy adicta). Pero no lo hacía por temor a perderme “la vida” de los demás. ¿Cuál vida? -Me pregunto- ¿La vida perfecta y falsa que se muestra en la redes? ¿Esa vida? Mejor veo una serie de Netflix, una película. Mejor me leo una novela de ficción.

Finalmente una oportunidad llegó y la tomé. Hace unas semanas, sujetos que desconozco, robaron mis fotos y utilizaron mi información para escribirle a una prima mía y sacarle dinero, o hacerle algo peor. Entonces puse todo privado y advertí a mis contactos con un estado de facebook. Pero después sucedió algo peor. Otros sujetos (que he de suponer son los mismos del otro incidente), quisieron hackear mi perfil de Facebook con fines que ignoro, pero que supongo no eran nada bueno.

Así que se acabó, no más…

Cerré mi perfil y comencé a notar más tranquilidad en mi día. Ya no tenía que ver publicaciones ofensivas que no podía confrontar por querer evitar el típico “Este es mi perfil, yo publico lo que se me da la gana”. Ya no tenía que envidiar los viajes, las sonrisas, los momentos “alegres”. Ya no tenía que leer el comentario fuera de lugar del erudito/literato que cree saberlo todo por haber publicado un libro. Ya no tenía que leer el sin fin de opiniones políticas que poco importan y poco ayudan a mejorar la situación del mundo.

Y Twittter, pues Twitter fue el siguiente. Cayó por el mismo camino de descenso cuando la gente empezó a ser dañina una con otra. No lo desactivé, sin embargo, cerré sesión y espero no volver a abrirla pronto.

Y claro, aún me quedan un par de redes sociales, pero ninguna es para mí tan nociva como Facebook o Twitter. Ninguna. La mayoría ya son servicios de mensajería o estrictamente fotografía.

¡Qué drama! ¿No? Sí, qué drama el mío. Pero no te deseo la falta de sueño, el ataque de pánico y la corrida al hospital porque sentís que no podés respirar a raíz del estrés. No te deseo la contracción muscular de la espalda, el dolor de cabeza en la mañana por la discusión que tuviste en Twitter. No te deseo la fatiga, la tristeza sin razón a raíz de la foto de tu amiga con una ex amiga. No te deseo el miedo a todo especialmente cosas que no han pasado (como que me escriban insultándome o que vuelvan a suplantar mi identidad). No te deseo nada de eso, pero dale, seguí pensando que es sólo un drama.

Seguramente volveré,  no lo descarto. Cuando me vuelva a sentir segura probablemente me verás de nuevo por ahí. Pero hoy, ahora, NO. No puedo. No quiero.

Sara Rico-Godoy**