bitacora·Diarios de una maga viajera·personal

El calor de la patria

A veces no lo recuerdo, se me esfuma y se me olvida en medio del letargo de los días. De la soledad inminente, y de mis libros empolvados de remembranzas. Pero está ahí y yo lo siento.

Cuando vuelvo, siento de nuevo la brisa de las calles, escucho la risa de los vendedores, veo las plazas, los autos. Y siento el calor, ese calor de la patria. Sofocante y fulminante. Acompañado de un sol que apuñala lentamente la cabeza y los ojos. Pero es mi tierra, es mi lugar, mi casa.

No hay fotografía más bella que la de una imponente ciudad entre montañas. Oculta bajo los senderos de árboles verdes y de troncos muy cafés. Esa fotografía que muestra no solo una infraestructura, pero también los pequeños puestos de tortillas, de mangos, de tajadas; los vendedores viajeros, los señores que se sientan a leer el periódico y a tertuliar infinitamente.

Los transeúntes visten de pantalones desafiando el pronóstico del clima (¡Qué calor!) pero son felices y ríen constantemente. ¡Cómo me gustaría ver esa postal todos los días! Pero, no es mi caso. Ya no más. Por ahora me toca conformarme con las caras largas de los días lluviosos en otra ciudad montañosa más pequeña que mi amada Tegucigalpa, aquella otra siempre bella, a su forma. Y mientras me conformo con lo poco puedo cerrar los ojos y revivir visualmente la calidez de mi patria, fuerte y desafiante.

Sara Rico Godoy.

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Pensamientos de una estudiante de doctorado

Ilustración de Craig Frazier

He estado los últimos meses tratando de sobrevivir, terminando con mi tercer semestre del doctorado en la Universidad, y sobre todo, tratando de parir una idea sola que valga la pena para entregar como proyecto de investigación para lograr mi titulación.

Nada funciona.

Me encuentro ante paredes blancas que dividen mi ser de lo que necesito saber, mis pesadillas recurrentes se basan en mí tratando de escalar paredes, montañas y cerros llenos de piedras donde veo a todos los que están a mi lado avanzar dejándome atrás y sola. He llegado al punto en que no quiero ni siento que puedo avanzar subiendo montañas en la vida real. Estoy atrapada. Me veo en lugares amplios y con edificios altos donde mi respiración se vuelve lenta y siento terror, siento mis manos temblar y mi equilibrio flaquear.

Termino en el hospital.

Y luego comienzan mis vacaciones ¿Pero cuáles? pregunto. Duermo hasta tarde, sí, pero tengo que sentarme ante el ordenador cada día para leer, escudriñar, tratar de descubrir algo nuevo, algo que nadie más ha dicho. Mi asesor de tesis me dijo que escribiera lo que fuera. Y entonces escribo. Pero a veces me asalta la noche con la mirada perdida pensando en que lo que escribí no servirá de nada. Y quiero llorar. Soy muy joven ¿Por qué decidí hacer esto tan joven?

No sé qué puedo ofrecer. A veces no sé quién soy. A veces no sé quién voy a ser.

 

Sara Rico-Godoy.

personal·poesía

La última vez…

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¿Cuándo fue la última vez que me dieron un abrazo? Que alguien me tocó, o me dijo “Aquí estoy”. No todo se puede sentir al otro lado del teléfono. No hay réplica de las risas, de las miradas, de tu mano en mi brazo intentando establecer una conexión.

¿Cuándo habrá sido la última vez que alguien me dijo “vamos”? y me tomó del brazo guiándome en su paso. Que alguien esuchó uno de mis chistes y lanzó una carcajada espontánea. No hay café que se tome como el que se toma con el amigo. No se comprende la distancia hasta que sos vos el que está lejos.

Las horas pasan y mi cuerpo comienza a doler. El reloj avanza y las únicas personas que me sostienen la mirada son los extraños de la calle. Las comidas me comienzan a oler a ausencia.

—-¿Ya para qué cocinar si sólo yo probaré esta comida?——

Los asientos del cine a mi lado están vacíos. He perdido el recuerdo de lo que alguna vez fue sentarme con amigos. No recuerdo qué es conversar sobre los males que aquejan mi vida. Mis manos envejecen por la falta del contacto. Veo algo bonito, pero no hay a quién decirle “Mirá”.

Sara Rico Godoy**

 

bitacora·personal

Estoy hecha de dos lenguas

Ilustración de Elesa

Quién soy en realidad incomoda y no agrada. No es normal que me quiera expresar en dos lenguas en el mismo discurso, peor que escriba posts en redes sociales utilizando una lengua en lugar de la otra. ¿Y si te dijera que mi cerebro no nació con un botón de turn off con el que apague el inglés o el español? A veces lo que quiero expresar mi mente la procesa más rápido en una lengua y no en la que te gustaría escuchar. Pero intento ¿Sabés? Intento no incomodarte ni que te parezca que soy “fresa” o floja, intento encontrar en el diccionario de mi cabeza la traducción más precisa que al final no será lo suficiente para transmitir el pensamiento que tenía. Y hago eso cuando vos hablés esa otra lengua que tanto reprimís en mí.

Y es que esa soy yo. Bilingüe desde edad temprana. Una persona que sueña en dos lenguas. A veces habla sola consigo misma en dos lenguas. Depende del mood ¿Entendés? Depende de quién sienta que es en ese momento. Quizás es Sara la hondureña que habla español regional propio de Tegucigalpa-no de Honduras, de Tegucigalpa-. O Sara la que habla inglés casi logrando “imitar” un acento nativo.

Inglés es mi segunda lengua, como quizás lo es la tuya. Sin embargo, a diferencia de otros bilingües, mi inglés jamás se va. Jamás. Llego a casa y aún sin necesidad de hablar inglés lo hablo, conmigo misma, practicando diálogos de situaciones que jamás van a suceder, leyendo posts en redes sociales o interactuando con angloparlantes. La música que escucho es en su mayor parte en inglés. No, no es porque glorifique el inglés, porque a veces el español es quién toma el protagonismo de mi vida. Lo que pasa es que el inglés también es parte de quién soy y he sido. Me he enamorado en español, pero también en inglés. Algunos de los mejores amigos que he tenido sólo hablan español, otros solo hablan inglés. ¿Podes creer que lo mío no es pretender ser quien no soy si no que es esto realmente lo que soy? Estoy hecha de intercambios, de code-switching, de calcos, de cognados. Mi cerebro oscila entre el inglés y el español TODO EL TIEMPO, duerma o esté despierta, llore o esté contenta. Perdón si te incomoda, pero esto soy yo. Estoy hecha de dos lenguas.

Sara Rico-Godoy.*

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Sí, estudio un doctorado, pero no soy extraordinaria.

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Ilustración de Sivan Karim

Aunque a veces quiera creerme que soy un superhéroe, no, no lo soy. A veces actúo como que ya tengo el doctorado en mis manos, pero solo actúo. Por dentro todo es diferente. Por dentro mi mente grita “¡iImpostora! ¿Qué haces allí? No sos lo suficiente ¿Quién se confundió y te puso en el lugar en que estás?”. Y es por eso que trato de probarme a mí misma constantemente. No es por competir con vos colega, compañero, profesor…es por competir con ella, con mi mente, la que jamás se calla. Por eso tengo ataques de ansiedad cuando pienso que me voy a sacar una calificación baja, la temida “B”. Mi mente que dice: “Una A- es una A. Pero una B, es como una F”. ¿Presión? Para nada. Y lo peor es que la que se presiona soy yo misma. Pienso que me ha costado tanto llegar hasta aquí que lo menos que puedo hacer es rendir al 100%….pero a veces, a veces ese 100% es 70%.

A veces  no quiero despertar pensando que ese día debo enseñar mis clases, que debo enfrentar un grupo de 25 estudiantes que esperan todo de mí pero que dan nada de sí mismos. Que tengo que presentar ese artículo, o hacer ese examen para el que casi no estudié porque preferí dormir. Que tengo que ver a ese profesor que no me agrada, que tengo que esuchar a esos compañeros que dicen mucho pero a la vez no dicen nada. Que tengo que escucharme a mí tratando de estar a su nivel, diciendo una sarta de estúpidos comentarios que mejor se hubieran quedado guardados en mi cajita de seguridad, en la zona silenciosa de mis pensamientos que mueren.

No me aislen. Colegas, nuevos amigos, conocidos de hace poco. Piensan que porque digo “Estoy haciendo un doctorado” es un no automático a todas sus invitaciones sociales. “A esa no la invitemos mejor, está en Doctorado la pobrecita, no ha de tener tiempo”. ¿El tiempo? Es relativo. Si tengo dos horas para sentarme a llorar por alguno de mis fracasos académicos entonces créanme, queridos, que tengo tiempo para sentarme a tomar una cervezas con ustedes y sus amigos.

No me gusta la gente que me dice “Estás estudiando un doctorado en Estados Unidos, has de ser muy inteligente” y entonces ahí termina la conversación, como si no pudiésemos encontrar nada en común, como si yo fuera alguien inaccesible o diferente a ellos. Soy inteligente sí, pero también lo que logré es porque me lo trabajé. No es solamente cuestión de ser inteligente, muchas veces es también cuestión de paciencia y perseverancia. No me alcanzaría esta página para detallar todas las cosas que hice para llegar donde estoy, las horas frente a una computadora llenando formularios, enviando correos. Las horas invertidas moviéndome de acá para allá para conseguir documentos, firmas, traducciones. Y el dinero ¡ni hablar del dinero! no sólo mi bolsillo sufrió con esto, también los de mi familia, cuya ayuda fue imprescindible. Tampoco diré que lo hice todo sola, eso sería una gran mentira. Sin ellos tampoco habría logrado nada. ¿Ven? No es sólo es cuestión de inteligencia, es cuestión de convicción y estar rodeado de las personas correctas.

Así que no. No soy extraordinaria. Soy nada más el resultado del esfuerzo individual y el colectivo. Lastimosamente ahora estoy en la etapa en que me toca sola, en que me toca tener que ser la única que escucha a mi cabeza constantemente jodiéndome, diciéndome que no sirvo para esto, que no voy a llegar lejos, que a nadie le va a gustar lo que escribo. Despertar me toca sola. Cocinar me toca sola. Cuidarme para no enfermarme. Estudiar y trabajar. Y me cuesta, y me duele. Creo que si fuera extraordinaria nada sería así de difícil ¿O sí? Pienso que no. Pero es a mí a quién le toca sentirse extraordinaria, aunque no lo sea. Porque si no, sin engañar a mi mente, sin pretender ser lo que no soy, todo sería el caos y el desorden. Y no me puedo dar ese gusto, no estando donde estoy ahora.

Sara Rico-Godoy**

poesía

¿Triste?

Ilustración de Ana Mess

“¿Triste?

¿Cómo podés estar triste?

¿Triste de qué? Lo tenés todo.

Estás loca.

Estas exagerando.

Es drama.

Querés llamar la atención.”

Drama.

“¿Que no te querés despertar por las mañanas?

¿Por qué?

Si es un bello día,

Tenés la bendición de despertar

¡Por favor!

No estés triste.

¿Te gusta estar triste?

Qué ridículo.”

Bendecida

“Lo tenés todo.

Ponerte triste es ser egoísta.

Pensá en los enfermos, en los pobres ¡Esos sí que tienen derecho a estar triste!

Vos que lo tenés todo ¡bah!

Berrinche…

Berrinche.”

Consentida

“¿Que has pensado en formas de matarme?

No, pero no te atrevés. No lo harías.

Dejá de pensar esas cosas ¡sé fuerte!

Déjate de cosas…

déjate de cosas…”

de cosas

*************************

“¿Que se mató?

Qué raro.

No dio ninguna señal.

Todo parecía estar bien,

Ella arecía estar bien.

Era una gran persona,

Joven

Con todo un futuro por delante.”

Sara Rico-Godoy**

*

*

*

Si conocés a alguien que esté teniendo pensamientos suicidas hablále, buscále ayuda, llamá a las líneas de ayuda en tu país, o buscá un profesional con quien pueda hablar. La depresión no es un sentimiento, es un problema cerebral y necesita asistencia psicológica.

personal·poesía

¿Cómo podés quererme?

Ilustración de Henn Kim

¿Cómo podés quererme con la lágrima azul de mi ojo?

Con la ojera que representa noches de ansiedad

Con la cicatriz de la rodilla que cuenta las caídas

Con mi llanto.

No sé cuál es la fuerza que rige tu abrazo

Hacia el cuerpo desgastado de esta mujer.

¿Cómo podés querer a esto que no es algo, que es solo queja?

A esta que no tiene las agallas

De luchar por ser.

Cómo se puede querer algo tan dañado…

¿De dónde viene la convicción de quedarse?

¿Acaso soy yo, esta paloma blanca que vuela sobre tu casa?

A la que das de tus migajas de pan

A la contás tus historias de antaño.

Soy yo a la que querés sin razón de entender,

Pero la oscuridad me abraza

Pienso en irme para siempre

Pienso en la vida

La muerte

La soledad

La nada.

Sara Rico-Godoy*

bitacora·personal

Pensamientos de domingo por la noche

Ilustración de Henn Kim

Las sirenas de las ambulancias que corren a la ayuda pronta del malherido o del enfermo. La lluvia golpeando mi ventana recordándome que aún no he comprado ese abrigo para días como este. Mis botas húmedas de los pasos dados unos minutos antes mientras volvía a casa de una noche llena de comida y amigos latinos. El silencio, la luz tenue de mi cuarto, la noche.

El triste sentimiento de que mañana es lunes (sí, sí, culpemos al capitalismo como hacemos con todo lo demás). La incertidumbre de las deudas. El sinsentido de lo que se estudia, de lo que se hace. Este blog sin atender, las continuas entradas de mis amigos escritores y ese concurso…ese maldito concurso.

El concurso…

Uno más que pasará desapercibido.

La beca para hacer investigación… aún es muy temprano para pedirla, mi tesis es un espermatozoide. La carta de recomendación que espera en blanco en el ordenador. Las pruebas sin revisar, los correos sin reponder, la responsabilidad…la responsabilidad…la…res…pon…sa…ble. ¿Yo?

Yo.

Sara Rico-Godoy**

literatura·poesía

Invierno

Ilustración de Anuka Baratashvili

Es él,

Llevátelo.

Me congela los huesos,

la vida y los deseos de terminar

con este constante ir y venir de fechas límites,

con el ejercicio de la carne,

del cerebro.

Es el invierno,

noche a noche me susurra palabras inertes

que gozan de la claridad del sinsentido.

que nacen y renacen una a una

que mueren y reencarnan en lirios color radiante.

No quiero despertar de estos sueños fosforescentes,

ni mover los dedos de la mano uno a uno

no puedo respirar el aire frío

que me congele los pensamientos

o mis ganas de abrazarte,

noche a noche

en mis recuerdos,

fríos.

Sara Rico-Godoy*