Black lives matter

Austin Black Lives Matter Protest
Fotografía de Heyli Rudolph

Como cualquier persona del mundo que ha estado siguiendo de cerca todo lo sucedido con George Floyd, me siento desesperanzada. Sí, los oficiales ya han sido acusados y la justicia les espera. Sí, los estadounidenses han despertado y quienes no se han unido a la causa protestando lo han hecho a través de la creación de peticiones, de donaciones; o a través de simplemente compartir información relevante en redes sociales. Parece que se avanza en todo esto, claro. Pero no es así.

Como mujer latina viviendo en los Estados Unidos me ha tocado tener encuentros con el racismo muy de cerca. Cuando no ha sido a través del reclamo de un hombre blanco que me dijo “Speak English!”, ha sido en Walmart cuando me han acusado de robar. También ha sido cuando un hombre en el carro de al lado me ha gritado “Go back to your country”, y cuando una viejecita amenazó con llamar a la policía porque mi novio y yo ya habíamos pasado en el carro frente a su casa dos veces. En dichos momentos quise pensar que nada de eso era racismo. Quise encontrar miles de explicaciones a los hechos, pensando que eran solamente cosas normales por las que pasaban todos los negros, latinos o personas inmigrantes que viven en este país. Pero no. Un hombre ha muerto. Varios hombres han muerto. Varias mujeres han muerto. El COVID-19 ha matado en su mayoría a hispanos y negros, y a raíz de esto OTROS MILES se suman a las estadísticas.  ¿Me tocará a mí algún día enfrentar la muerte por mi color de piel?

Por eso estoy desesperanzada.

¿Cuánto de esto realmente va a cambiar en los Estados Unidos? pero sobre todo ¿Cuándo se va a reconocer que el problema de racismo existe en todo el mundo? Lo que sucede en estos momentos aquí ha hecho a las personas replantearse su privilegio -o al menos, eso espero-; pero no es una acción que compete solamente a las personas de este país, compete a todo el mundo. Cuando preferís al hijo blanquito más que al hijo trigueño de tu amiga ES RACISMO. Cuando le decís a tu hijo o hija que se busque una pareja blanca “para mejorar la raza” ES RACISMO (Colorismo le han llamado algunos teóricos, porque la preferencia se da no hacia la raza, sino al color de la piel. Pero, sea como sea, uno es el hijo del otro). Yo misma me he encontrado en el pasado avalando estos comentarios o riéndome de ellos sin darme cuenta que con esto estaba reafirmando el racismo. Y es que, pensando en Latinoamérica, tenemos esta preferencia por la piel blanca tan internalizada a raíz de la mentalidad colonial que no nos damos cuenta cuando somos racistas; y solamente cuando el mundo explota y desmaya por un acto violento de racismo que involucró la muerte de un hombre a plena luz del día, y que fue grabada en video, nos cuestionamos nuestras decisiones, nuestros comentarios y nuestra vida.

Espero nos quede de lección. Espero que identifiquemos cuando hemos sido racistas. Espero que aprendamos que aún no hemos entendido que una razas la tienen peor que otros. Espero que no olvidemos a nuestros hermanos indígenas (muchas mujeres indígenas son asesinadas en México y sus muertes son silenciadas). Y espero que no seamos hipócritas diciendo “All lives matter” cuando al que mataron por estar nada más haciendo ejercicio por la noche era negro. O cuando la chica que mataron mientras estaba tranquila dentro de su casa era negra. Ahmaud Arbery es el nombre del primero. Breanna Taylor el nombre de la segunda.  No hay que olvidar sus nombres.

Sara Rico-Godoy.

(Solamente quiero aclarar que, el hecho que escriba sobre esto no quiere decir de ninguna manera que ignoro lo que pasa en mi país Honduras. Pero, creo que referirme a las nuevas injusticias y payasadas de mi tierra necesitará otra entrada por sí sola.)

Si estás buscando formas de ayudar  y no podés ir a una protesta, aquí te dejo unos links:

Firma las siguientes peticiones:

https://act.colorofchange.org/sign/justiceforfloyd_george_floyd_minneapolis

https://www.change.org/p/mayor-jacob-frey-justice-for-george-floyd

https://www.standwithbre.com

 

Dona a las siguientes causas:

https://secure.actblue.com/donate/ms_blm_homepage_2019

https://www.gofundme.com/f/georgefloyd

Home

 

 

 

 

 

 

Crónicas de una pandemia #1

6.-Alf-Gadberry.-Sponsored-Content-2020.
Ilustración de Alf Gadberry

Dispuestos a obtener nuestros alimentos para la semana Sebas y yo, con las mascarillas en la cara y nuestro gel de manos salvador, nos dirigimos a Walmart. Una vez allí, las miradas de la gente no se hicieron esperar. No entendíamos por qué al estar en medio de una pandemia el portar una mascarilla podía ser motivo de estupor. Al llegar a pagar a la caja notamos que la empleada no llevaba ni mascarilla ni guantes, le preguntamos si estaba todo bien con ella y si necesitaba alguna mascarilla para protegerse, a lo que ella respondió:

—Es mi derecho no llevar mascarilla, todo esto de ese tal coronavirus se salió de control y lo han hecho más grande de lo que realmente es.

Sebas y yo solamente nos miramos sorprendidos, sin poder creer lo que escuchábamos. Al salir, tratamos de desinfectar todas las bolsas y los productos que la mujer hubiese tocado. Después de aquello no la hemos vuelto a ver, no sabemos si fue despedida ante su rebeldía de “exigir sus derecho” de no usar mascarilla; o si está convaleciente en alguna cama de hospital.

Sara Rico-Godoy.

 

¡Ya somos 700 seguidores!

IMG_3178

Hoy que me desperté me encontré con la sorpresa de que el blog ya había alcanzado los 700 seguidores, finalmente. Sabiendo bien que mi último blog no fue el más alentador y que debido a mis ocupaciones académicas tiendo a perderme del mapa por largos ratos, no puedo dejar de pensar lo agradecida que estoy con todos los que me leen a diario y siembran en mí esa semilla de confianza al obsequiarme su tiempo (el tiempo, que es tan valioso). En este blog he hecho amigos, he descubierto escritores con mucho potencial, pero sobre todo, he podido leer muchas entradas que reflejan aspectos de mí que pensé nadie más entendía y eso, déjenme decirles, es como que a uno le den un abrazo.

Espero pronto poder llegar a los 1,000 y seguir leyendo a todos los que me regalan esa distracción certera en los largos paseos de autobús, la media hora de cardio en la bicicleta estacionaria; o esas tardes de café frente a la ventana.

¡Gracias!

Sara Rico-Godoy.

Carta para mi abuela en el día de la madre

44F036BA-5FEF-4A1E-89CA-8C1A39DB225F

Querida abuela Alicia,

Aquí estoy, primer día de la madre sin usted. Aunque yo, desde hace un par de años, dejé de celebrar a su lado. La vida y sus peripecias me han traído a un país lejano, muy diferente al nuestro, muy precipitado en cuanto a todo, en cuanto al trabajo, en cuanto al estudio, en cuanto al juzgar al otro, eso último sobre todo. Hoy desde que me despertó el canto de los pájaros y no una serenata noté que nada era como antes —aunque ya hace mucho que no escucho ese primer acorde de la guitarra de mi papá—. Quizás la vida sí es buena pero, sea como sea, ahora existe el vacío que usted dejó. Y quiero pedirle perdón, abuela. Perdón por no llamar. Perdón por no visitar más veces. Perdón por decir «No, gracias» cuando me ofreció pan con café porque yo ya me creía mejor que eso. Perdón por los feliz cumpleaños que no escuchó, perdón porque no supe ser una nieta la mayor parte del tiempo. Perdón por no creerme eso que usted siempre me decía «que Dios me la bendiga», sobre todo cuando la soledad es más fuerte. Perdón por pedir tanto perdón.  Perdón porque no puedo terminar de escribir ese cuento; perdón porque no sé qué estoy haciendo aquí y por mi inseguridad, y por no creerme lo suficiente, y por haber elegido una vida en la que la mitad del tiempo estoy llorando y la otra mitad pensando qué hago aquí. Porque me creo un fraude. Cada día que pasa me creo un fraude. Y sé que así no sería cómo usted vería la vida, pero es que lo que pasa, abuela, es que yo no soy como usted. No heredé su tenacidad, no heredé su fuerza. Quizás heredé su carácter, quizás las ganas de pelear con todo y todos. O tal vez la convicción de cumplir mis metas…realmente no sé qué heredé de usted, porque el otro problema, abuela, es que jamás la conocí realmente. Jamás tuve una conversación con usted a solas, jamás le presté atención a lo que le gustaba, a lo que la hacía feliz. Jamás entendí por qué siempre la vi como ese ser inalcanzable, remoto y lejano. Y ahora ya no está. Y yo me perdí en este tren de lamentos porque eso es lo único que me queda estando aquí. Y hoy es día de la madre y no puedo abrazarla, tampoco puedo abrazar a mi madre —al menos a ella puedo verla por una pantalla—, y solo me queda ver a la pared y recordar aquellos buenos momentos de risas, regaños, panes con café y remolacha —que tanto odiaba—. Y hoy le digo que la veo sentada frente a mí y que estoy hablando con usted; y que aunque no hayamos hablado antes, ahora hablaremos. Y que si no tuvimos momentos a solas, ahora yo me los invento. Y que si quiero volar con usted yo solita, me volveré a poner estas alas rotas; y que en silencio mientras las lágrimas pintan un cuadro en mi rostro yo me elevo…y la siento, conmigo.  Y la entierro en esa página que escribo, por la tarde, mientras el sol se despide.

La amo, abuela.

Hasta siempre,

Sara.

 

I don’t know how to belong anymore

sara herranz i
Ilustración de Sara Herranz

I’m tired of seeing their world from the outside,

I’m tired of the spaces between faces.

I don’t understand why if I’m in the inside

it feels like empty-emptiness

stress

solitude

nothingness.

 

They never saw me as part of them

They never called my name in the realm.

I’m just this poser, a wannabe-overachiever

Won’t ever be truly a believer

Of my voice

Of my own soul.

 

And now I write these lines, unexplored

Trying hard, dying slow.

Between my legs, abandoned places

Inequity of spirits

Never be part of the meanings

Of their world

Of my own.

 

Sara Rico-Godoy.

El viaje a Europa que no pudo ser

Fotos tumblr perfectas para imitar en casa: – araxigc

Desde hace un tiempo venía comentando en este blog que durante este 2020 realizaría el viaje de mis sueños. Sin embargo, siempre fui muy cuidadosa al revelar detalles puesto que muchas personas leen sobre tus planes y desean de todo corazón que no los realices. Por miedo a que alguien con sus malas vibras arruinara mis planes, decidí no compartirlos. Pero ¡cómo es la vida! no hizo falta que alguien con su negatividad derrumbara mis sueños, el mundo por sí solo decidió darme una de las mejores lecciones de vida y decirme «No, este NO será el año» y se desató una pandemia en el mundo, cuyos países más afectados en Europa han sido aquellos que me proponía a visitar.

Para mí la cancelación de este viaje fue un pérdida. Estoy consciente que decir esto ya me hace una persona privilegiada, pues hasta el momento es la única pérdida que puedo lamentar –no he perdido seres queridos o trabajo como otras personas, lo sé– , pero, sea como sea, duele. Duele el quedarse con las ganas, el quedarse con los sueños destrozados y los planes congelados. Duele entender que ese sueño que había tenido desde niña y que por fin iba a poder realizar no se realizará. Duele porque, durante mi vida, jamás tuve dinero, jamás fui de las personas que fácilmente podían decir «Esta navidad iremos a España». La primera vez que me subí a un avión tenía 22 años; la primera vez que pude costearme un viaje por mí misma fue a los 25. La única forma con la que pude salir de mi país fue por medio de la educación, porque yo por mis propios medios jamás habría podido. Por fin, después de años esperando la oportunidad, pude solicitar a un programa de Study Abroad (programa de verano) de mi universidad, el cual sería en Sevilla, España. Obtuve una asistencia y sería profesora de una sección de Español intermedio para este verano. Mi felicidad era inconmensurable. No solamente visitaría uno de los países que siempre había soñado, sino que también tendría un trabajo con el que ganaría un dinero extra. Con ese dinero extra iba a visitar otros lugares de sueño: Italia, Francia y Grecia. Ya tenía el grupo de amigos armado, el presupuesto, ya tenía lista de estudiantes y casa donde me alojaría en España. Casi todo estaba listo, sin embargo, no llegué a comprar los boletos ya que, por ser este principalmente un viaje de trabajo, tenía que esperar instrucciones de mis supervisores y los organizadores del programa. Esto último sí lo agradezco enormemente ya que, a pesar de la cancelación, no tuve que lidiar con pedir reembolsos de boletos como sí sé que tuvieron que hacerlo mis amigos.

Hoy escribo sobre esto por primera vez –me había negado a hacerlo–, hoy que decidí borrar de mi agenda los eventos que involucraban este viaje. Dolió ver todo lo que no pude completar, volví a sentir ese dolor agudo de la decepción. Pero, rápidamente decidí sacudirlo y reconocer de una vez por todas que estoy donde debo estar y que al menos lo que yo perdí es algo que quizás algún día logre recuperar; que nada se compara al dolor de la incertidumbre que produce este momento o al dolor de perder a un ser querido por la enfermedad. Reconozco que ya lloré por esto y que no lo haré más –o al menos eso creo–. Reconozco que Dios probablemente me rescató de algo al no permitirme viajar. Reconozco que no solamente perdí yo, sino que quizás la mayor parte del mundo perdió algo incluso más valioso, o tuvieron que cancelar planes de viaje, bodas, graduación, en fin. Pero, también reconozco que debo validarme a mí y a mis sentimientos, validar que la tristeza y la decepción son parte de mi proceso. Estoy segura que algún día podré decir «Lo hice» y que aquí me tendrán escribiendo al respecto.

Que estén bien, a cuidarse mucho.

Sara Rico-Godoy.

¡Que leer nos rescate!

il_794xN.1285790054_ayzv
Ilustración de Ana de Lima

Hoy que hablaba con un amigo que tiene una librería sobre el crecimiento que está habiendo del hábito de la lectura durante este tiempo, reflexionaba como incluso para mí -que me he dedicado a estudiar literatura por ya casi 10 años- el retomar este hábito ha sido también toda una experiencia y un resurgimiento de aquello que había dejado de hacer por placer.  También me he refugiado en otras cosas: series, películas, reconexión con mi espiritualidad, meditación, ejercicio. Pero, nada me está rescatando de la incertidumbre como tomar un libro nuevo o revisitar un clásico de esos que quizás la primera vez que leí mi ser no entendió por completo. Espero que este sea el mismo sentir de otros. Espero que para otros este nuevo encuentro sea tan dulce como la primera vez que leyeron un libro que les cautivó. Yo siento que vuelvo a ser aquella adolescente que devoraba libros larguísimos y se conmovía hasta las lágrimas con el destino de los personajes. Es bonito volver a sentir así, es bonito volver a una pasión que ya creíamos destinada a la obligación.

Sara Rico-Godoy

Un domingo más de cuarentena

love, drawing, and art image
Ilustración de Henn Kim

Un domingo más de cuarentena. Y mañana otro más. Es que esta cuarentena está llena de domingos, días en que nos despierta la luz del sol, donde las alarmas ya no se programan; los cafés ahora se beben con tranquilidad, sin ver el reloj (no sé dónde está mi reloj). Ya no se calcula el tiempo entre el trayecto de la puerta a la parada, de la llegada del bús; ya no se calcula el tiempo entre echar al gasolina al carro y tomar la carretera del bulevar, o la interestatal. Pero ya tampoco existe el cansancio de las 10 de la noche, ahora transcurren las 11, las 12, la 1, las 2, a veces hasta las 3 y los ojos están abiertos, inmutables. El sueño es ahora un nuevo desastre. Como en los sábados por la noche. Ya no se espera a los viernes para abrir esa botella, ya se bebe como si nada, el bebedor ya se materializa cualquier día. Ya parecen lejanos los días en que nos sentábamos en la mesa de algún comedor, de alguna cafetería, de alguna caseta, de algún restaurante. Se van alejando esos recuerdos de charlas con los colegas, tacos a las 4 de la tarde. Ahora el celular es el mejor aliado, las nuevas apps para conectarse -las que se están haciendo millonarias-, ahora todo es Zoom, Skype, Houseparty. Se van olvidando esas caminatas largas bajo el sol queriendo llegar a un destino específico, caminatas donde nos encontrábamos con miles de rostros, todos diferentes, todos portando preocupaciones distintas. Ahora la vida es distinta. Y es inevitable hacerse la pregunta ¿Será esta ahora mi vida? Un domingo más, un domingo eterno.

 

Sara Rico-Godoy.

Y vamos a volver….

Vamos a volver a abrazarnos,

a reír juntos al calor de los tragos.

Volveremos a reírnos,

a hacer nuestras las noches furtivas del verano.

Aunque todo parezca surreal,

aunque todo parezca en vano

volveremos a amarnos,

juntos

en recuerdos llanos

de alegrías

Y de llantos.

Y vamos a volver a disfrutarnos

como antes,

o quizás

como nunca antes.

 

Sara Rico-Godoy.

Día -ya perdí la cuenta- de cuarentena

 

Ilustración de Paula Bonet

La vida nos ha cambiado a todos. Una pandemia azota el mundo este año y muchos planes, viajes, sueños que estaban por cumplirse se han esfumado, se han borrado y ahora nos damos cuenta que tenemos demasiado tiempo entre nuestras manos para conocernos y dedicarnos a nosotros y a nuestros seres queridos; pero no nos gusta, nos asusta ver quienes somos realmente -y los demás- y lo que mentalmente nos causa el ocio.

Los que ya eran sociables se deprimen; los que no lo eran, ahora lamentan no haberlo sido antes. Nos vuelve locos el encierro. Entonces ahora imagínense un ave, un león, un mono, todos enjaulados a lo largo de sus vidas. Hay mucho que reflexionar. Y qué bien por los que tenemos el privilegio de quedarnos en casa y tener acceso a una computadora, a una conexión buena de internet y así trabajar desde la casa, nos siguen pagando, todo está bajo control. Pero ¿Y las personas que deben salir para comer? Dejemos de ser los jueces de los demás, especialmente de los pobres, “Que son muchos/ y por eso/ es imposible olvidarlos”, como dijo alguna vez el poeta Roberto Sosa.

Ahora hablando de mí, actualizándolos un poco sobre mi vida, pues estoy bien. Aquí, tratando de adaptarme a dar clases en línea, con el corazón contento en medio de todo porque, les tengo buenas noticias: ¡Aprobé mis exámenes de doctorado! y ahora ya soy candidata a Doctorado. Para los que no entienden esto último, les explico. Uno no es candidato a ser Doctor hasta que no cumple con ciertos requisitos como tomar un determinado número de créditos (que se traducen en un número específico de clases), lo que normalmente toma de 3 a 5 semestres, ese es el modelo de los Estados Unidos, entiendo que en otros países esto es diferente. También, uno debe aprobar unos exámenes de comprensión o de grado, los que generalmente llevan un largo de tiempo de preparación y de realización (mi proceso de preparación fue de dos años, el de realización fue de un mes, aproximadamente). Por eso mi ausencia del blog, apenas el lunes tuve la noticia de que aprobé, así que por eso estaba algo alejada. Espero que esto lo explique. Ahora se supone que ya solamente debo cumplir con el requisito de la disertación, que no es poco. Pero, tendré alrededor de 2 años para cumplirlo y espero escribir algo decente que realmente aporte a los estudios de la literatura centroamericana.

Tengo la esperanza de que después de todo esto, y con la cuarentena obligada, podré dedicar más tiempo a mi pluma y a este blog, así que esperen más de mí por el momento.

Los abrazo.

Sara Rico-Godoy, Candidata a Doctorado 🙂