bitacora

Quiero hacer cosas emocionantes…

Ilustración de Kelly Smith

Hacerlas, y grabarlas en mi mente hasta que muera. Mas últimamente siento que me olvido de mí, de mis pasiones, de las cosas que me hacen ser feliz. Hace unos días leía en mi clase de portugués un escrito llamado “Mudança”, lo que signifca “cambio”. El escrito se basa en tomar riesgos y en hacer modifiaciones en nuestra vida. Pero no se trata de cualquier alteración, sino de realizar cambios que impliquen una experiencia nueva y gratificante. El escrito, que se atribuye a Clarice Lispector (pero en realidad, al parecer, es de otro escritor) va así:

Sente-se em outra cadeira, no outro lado da mesa. Mais tarde, mude de mesa.
Quando sair, procure andar pelo outro lado da rua. Depois, mude de caminho, ande por outras ruas, calmamente, observando com atenção os lugares por onde você passa.
Tome outros ônibus.
Mude por uns tempos o estilo das roupas. Dê os seus sapatos velhos. Procure andar descalço alguns dias. Tire uma tarde inteira para passear livremente na praia, ou no parque, e ouvir o canto dos passarinhos.
Veja o mundo de outras perspectivas. “

(Si quieren leer el escrito completo hagan click aquí. Está en portugués pero se logra comprender sin necesidad de saber mucho).

La cosa es que este poema describe exactamente todo lo que yo no estoy haciendo ahora con mi vida. Sin quererlo, aunque en mi profesión es difícil caer en la rutina, estoy cayendo en el sinsentido de los días repetitivos. Ya casi no hago cosas emocionantes, ni me atrevo a probar nuevas cosas. Ahora todos los días camino por las mismas calles, hago las mismas cosas, veo a la misma gente. No paro de trabajar y rara vez me detengo a pensar en qué podría variar el día de hoy.

Quiero hacer cosas emocionantes.

Aunque sé muy bien que el bolsillo a veces no es mi mejor amigo, que las deudas me ahogan de a poco y que claramente el estrés y la ansiedad del futuro están apoderándose de mí lentamente, quiero hacerlas.

Quizá sea ya momento de crecer, siempre recordando que cada año que pasa me hago más vieja y que el reloj está andando. Debo hacer ese viaje que tanto anhelo. Debo por fin subirme a una montaña rusa. Quizás deba ya dejar de postergar la visita a terapia, quizás deba de una vez resolver mis problemas de autoestima. Quizás deba dejar de pensar en esa amiga que perdí y en qué hice mal. Quizás deba ya de parar con la amargura que me dejó el pasado y ver lo que estoy haciendo ahora. Quizás ya es hora de aprender de una vez a conducir, quizás ya es hora de empezar a comer bien…

¿Quizás?

No. Ya. Ya es hora de hacer todo eso y más.

Ya es hora de ir tras lo que quiero en mi vida. Ya es hora de invertir en mi futuro. Ya es hora de poner las cartas en la mesa, pensar en echar raices, hacer algo grande…

Escribí ese maldito libro, contactá esas casas editoriales, participá en ese concurso de cuento, enseñá a tu profesor tu primer intento fallido de autopublicación, escribí, aunque sea malo, escribí. Empezá a leer para esos malditos exámenes de comprensión, definí el tema de tu tesis, elegí tus clases en bases a tus objetivos, hacé, dejá de pensar y hacé. El momento es ahora, las “Mudanças” son lo único permanente.

Sara Rico-Godoy*

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poesía

Feriadão

Ilustración de Henn Kim.

Estoy esperando impacientemente que llegue una invitación,

una con frases que me recuerden lo “normal” que soy.

Una invitación que quizás voy a declinar, austera.

Pero que es una que estará ahí para hacerme creer que no soy

como uno de esos ermitaños que viven en los bosques,

lejos del ruido y de la vida.

Pero no creo que la invitación llegue,

Y entonces me tendrán que acoger estas cuatro paredes

con el ruido estruendoso de mi mente, que jamás se calla,

veremos quién mata a quién primero.

Quizás las teclas de este ordenador me hablen,

quizá por fin me cuenten esa gran historia que estoy destinada a escribir,

la que me inmortalice en el radar de los intelectuales

la que sea leída y analizada por las masas.

Quizá…

Pero quizá en realidad termine sintiendo conmiseración por mí misma,

mojando repetidamente la almohada de muchas formas.

Quizá termino atragantándome con comida tan plástica como la vida,

odiándome incansablemente

y malgastando horas enteras en trivialidades,

de vez en cuando echando un vistazo a las asignaciones interminables.

Quizá me quede pensando en si deba seguir escribiendo

existiendo…

La única cosa a la que aún se aferra mi pensamiento

en los momentos solitarios de la noche.

Sara Rico Godoy*

poesía

41: Ser poeta

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Ilustración de Andrea Fonseca 

Lo que nunca fui, ni seré.

Ser poeta no es solo escandalizar la página en blanco,

enumerar algunos adjetivos inciertos en oraciones confusas.

No es sólo el afan palpitante de expresar lo que se siente,

es más

mucho más.

Es casarse,

comprometerse.

Es hacerse uno con la palabra,

y que la palabra se haga una conmigo.

Ser poeta es que la palabra sea creadora,

que la palabra se haga.

 

Ser poeta es ser el propio director de tu orquesta,

liderar cada nota, dirigir cada instrumento.

Es también tener voz y proyectar el designio de tu palabra.

Es decir pero también hacer.

No basta con escribirse a uno mismo,

ser poeta significa escribir a los demás.

Significa el llanto,

la exposición,

Significa la humillación

de la puta,

del vago,

del alcohólico y del solitario.

 

Es la risa del artista,

El cabello rojo de la que se desnuda en versos.

Son los rizos de la Lucía,

Los pechos de aquellas chicas,

los cigarros de los viejos,

y un cafe en el paraíso.

 

Porque ser poeta es ser todo.

Ser poeta es ser para siempre.

Y yo no soy ni seré nunca poeta,

me conformo con ser oído y ojos

ser testigo de la brisa de versos que recae sobre mi frente

día a día

que viene de aquel post en facebook,

de las paredes en las calles de esa ciudad

de tu palabra hablada.

 

Quiero ser siempre oído

morirme en escuchar

tus palabras suaves o cortantes

tu palabra, poeta,

que es la que me mantiene con vida.

 

Sara Rico-Godoy*

 

 

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Todo es mejor cuando no estoy

Ilustración de Sara Herranz.

¿Por qué te veo mejor cuando no estoy?

Tu sonrisa pinta velvets de color acaramelado rebelde

Que te vas por cafés a las esquinas rosadas,

Que te pintás la cara con polvos de espontaneidad.

De seguro todo es mejor cuando no estoy,

No estoy y te brilla la conciencia.

Foto tras foto de salidas mañaneras,

Las redes sociales se inundan de escapes.

Pero es porque no estoy.

Porque cuando estoy vos no estás.

No sos,

No querés ser.

Sos solo por la obligación de a mi lado ser.

¿Cuándo fui tu condenación?

¿Cuándo te robé el mes de abril?

¿Cuándo fui la desdicha de tu dicha?

¿Por qué nunca me dijiste?

Ándate.

Estorbás.

Quítate de mi camino.

No oigás.

Que las vacas mugen,

Y el pasto es más verde

Cuando vos no estás,

Todo es mejor cuando vos no estás.

Sara Rico Godoy*

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Primer post del año

A lejos, Tegucigalpa resplandeciendo. 2018.

¡Saludos lectores!

Espero aún recuerden quién soy y he sido. Hace mucho no inundo sus readers ni sus notificaciones con mis likes o comentarios. Como recuerdan el último post que hice fue de luto. Ese día perdí a mi tía abuela, la que había sido una abuela para mí desde que era muy pequeña. Fue mi madrina de bautizo y una madre para mi madre.

A ella tuve que perderla estando lejos para poder entender el impacto que tuvo en mi vida. Pero perder a alguien de lejos es peor que la soledad misma. Se llora demasiado y no hay nadie que te abrace o te diga que lo siente. Los siguientes días del mes fueron difíciles porque debí continuar con mis deberes académicos sin poder parar un momento para llorar. Lo peor es que noviembre es el mes más difícil en un posgrado. Todos los trabajos finales, exámenes, desvelos y ansiedades se manifiestan y no es posible encontrar el balance de nada. Por lo que decidí dejar el blog por un tiempo, terminar con mis proyectos finales y viajar de vuelta a Honduras para mis vacaciones de navidad.

Y fue lo mejor.

Honduras siempre tiene esa capacidad de recargar mis baterías en los momentos en que más sin energía me siento. El amor de la familia y los amigos, con todo y sus defectos, es la mejor fuente de inspiración que existe. Aunque solamente estuve dos semanas, pude brevemente sentarme en el banquillo de la hija y amiga, de la nieta y de la hermana, esa que discute o que ríe, que duerme o que no duerme, que sale a la calle a respirar la contaminación citadina pero que a la vez respira el aire de la patria querida y añorada de mejores días. Fui Sara, Sarita. La de la casa de esquina, la viejita que ama el café, la amante de baleadas y comida china. Allá no soy la estudiante de doctorado, multilingüe y jovencita, que no tiene vida social pero que tiene oficina.

No me malinterpreten. Ambas Saras me agradan. Deseo ser las dos siempre que pueda. No sé si puedan coexistir en el mismo lugar. Pero si sé que pueden respetarse mutuamente. Reconocer una la existencia de la otra. Ser ambas conscientes de que no se puede ser una sola.

Y bien, aquí termino mi saludo al 2019. Espero este año sea prolífico para el blog. Ya volveré a acariciar sus bandejas de entradas, voy calentando mi pluma y colocando el pie en el acelerador de mi mente.

Nos estaremos leyendo.

Sara Rico-Godoy*