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Primer post del año

A lejos, Tegucigalpa resplandeciendo. 2018.

¡Saludos lectores!

Espero aún recuerden quién soy y he sido. Hace mucho no inundo sus readers ni sus notificaciones con mis likes o comentarios. Como recuerdan el último post que hice fue de luto. Ese día perdí a mi tía abuela, la que había sido una abuela para mí desde que era muy pequeña. Fue mi madrina de bautizo y una madre para mi madre.

A ella tuve que perderla estando lejos para poder entender el impacto que tuvo en mi vida. Pero perder a alguien de lejos es peor que la soledad misma. Se llora demasiado y no hay nadie que te abrace o te diga que lo siente. Los siguientes días del mes fueron difíciles porque debí continuar con mis deberes académicos sin poder parar un momento para llorar. Lo peor es que noviembre es el mes más difícil en un posgrado. Todos los trabajos finales, exámenes, desvelos y ansiedades se manifiestan y no es posible encontrar el balance de nada. Por lo que decidí dejar el blog por un tiempo, terminar con mis proyectos finales y viajar de vuelta a Honduras para mis vacaciones de navidad.

Y fue lo mejor.

Honduras siempre tiene esa capacidad de recargar mis baterías en los momentos en que más sin energía me siento. El amor de la familia y los amigos, con todo y sus defectos, es la mejor fuente de inspiración que existe. Aunque solamente estuve dos semanas, pude brevemente sentarme en el banquillo de la hija y amiga, de la nieta y de la hermana, esa que discute o que ríe, que duerme o que no duerme, que sale a la calle a respirar la contaminación citadina pero que a la vez respira el aire de la patria querida y añorada de mejores días. Fui Sara, Sarita. La de la casa de esquina, la viejita que ama el café, la amante de baleadas y comida china. Allá no soy la estudiante de doctorado, multilingüe y jovencita, que no tiene vida social pero que tiene oficina.

No me malinterpreten. Ambas Saras me agradan. Deseo ser las dos siempre que pueda. No sé si puedan coexistir en el mismo lugar. Pero si sé que pueden respetarse mutuamente. Reconocer una la existencia de la otra. Ser ambas conscientes de que no se puede ser una sola.

Y bien, aquí termino mi saludo al 2019. Espero este año sea prolífico para el blog. Ya volveré a acariciar sus bandejas de entradas, voy calentando mi pluma y colocando el pie en el acelerador de mi mente.

Nos estaremos leyendo.

Sara Rico-Godoy*

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2 comentarios sobre “Primer post del año

  1. Hay almas que la huella que dejan es tan profunda que cuando se van allí queda una herida como un pozo, dificil de curar. Pero al final esa herida deja esa huella curada que esparce luz y siempre te acompaña. Hay almas que han venido a compartir nuestro camino para ayudar y les hemos de agradecer eso sin llantos, sino con un amor imborrable y alegria en el corazón. Han formado parte de nuestro paisaje cotidiano y al marcharse duele no poderlos contemplar de nuevo. Pero hay que dejarlos marchar porque van a interpretar otro papel y no debemos cargarlos con nuestros llantos, sino bendecirlos por haber estado ahí, a nuestro lado. Te deseo lo mejor.

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