poesía

41: Ser poeta

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Ilustración de Andrea Fonseca 

Lo que nunca fui, ni seré.

Ser poeta no es solo escandalizar la página en blanco,

enumerar algunos adjetivos inciertos en oraciones confusas.

No es sólo el afan palpitante de expresar lo que se siente,

es más

mucho más.

Es casarse,

comprometerse.

Es hacerse uno con la palabra,

y que la palabra se haga una conmigo.

Ser poeta es que la palabra sea creadora,

que la palabra se haga.

 

Ser poeta es ser el propio director de tu orquesta,

liderar cada nota, dirigir cada instrumento.

Es también tener voz y proyectar el designio de tu palabra.

Es decir pero también hacer.

No basta con escribirse a uno mismo,

ser poeta significa escribir a los demás.

Significa el llanto,

la exposición,

Significa la humillación

de la puta,

del vago,

del alcohólico y del solitario.

 

Es la risa del artista,

El cabello rojo de la que se desnuda en versos.

Son los rizos de la Lucía,

Los pechos de aquellas chicas,

los cigarros de los viejos,

y un cafe en el paraíso.

 

Porque ser poeta es ser todo.

Ser poeta es ser para siempre.

Y yo no soy ni seré nunca poeta,

me conformo con ser oído y ojos

ser testigo de la brisa de versos que recae sobre mi frente

día a día

que viene de aquel post en facebook,

de las paredes en las calles de esa ciudad

de tu palabra hablada.

 

Quiero ser siempre oído

morirme en escuchar

tus palabras suaves o cortantes

tu palabra, poeta,

que es la que me mantiene con vida.

 

Sara Rico-Godoy*

 

 

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Todo es mejor cuando no estoy

Ilustración de Sara Herranz.

¿Por qué te veo mejor cuando no estoy?

Tu sonrisa pinta velvets de color acaramelado rebelde

Que te vas por cafés a las esquinas rosadas,

Que te pintás la cara con polvos de espontaneidad.

De seguro todo es mejor cuando no estoy,

No estoy y te brilla la conciencia.

Foto tras foto de salidas mañaneras,

Las redes sociales se inundan de escapes.

Pero es porque no estoy.

Porque cuando estoy vos no estás.

No sos,

No querés ser.

Sos solo por la obligación de a mi lado ser.

¿Cuándo fui tu condenación?

¿Cuándo te robé el mes de abril?

¿Cuándo fui la desdicha de tu dicha?

¿Por qué nunca me dijiste?

Ándate.

Estorbás.

Quítate de mi camino.

No oigás.

Que las vacas mugen,

Y el pasto es más verde

Cuando vos no estás,

Todo es mejor cuando vos no estás.

Sara Rico Godoy*

Sin categoría

Primer post del año

A lejos, Tegucigalpa resplandeciendo. 2018.

¡Saludos lectores!

Espero aún recuerden quién soy y he sido. Hace mucho no inundo sus readers ni sus notificaciones con mis likes o comentarios. Como recuerdan el último post que hice fue de luto. Ese día perdí a mi tía abuela, la que había sido una abuela para mí desde que era muy pequeña. Fue mi madrina de bautizo y una madre para mi madre.

A ella tuve que perderla estando lejos para poder entender el impacto que tuvo en mi vida. Pero perder a alguien de lejos es peor que la soledad misma. Se llora demasiado y no hay nadie que te abrace o te diga que lo siente. Los siguientes días del mes fueron difíciles porque debí continuar con mis deberes académicos sin poder parar un momento para llorar. Lo peor es que noviembre es el mes más difícil en un posgrado. Todos los trabajos finales, exámenes, desvelos y ansiedades se manifiestan y no es posible encontrar el balance de nada. Por lo que decidí dejar el blog por un tiempo, terminar con mis proyectos finales y viajar de vuelta a Honduras para mis vacaciones de navidad.

Y fue lo mejor.

Honduras siempre tiene esa capacidad de recargar mis baterías en los momentos en que más sin energía me siento. El amor de la familia y los amigos, con todo y sus defectos, es la mejor fuente de inspiración que existe. Aunque solamente estuve dos semanas, pude brevemente sentarme en el banquillo de la hija y amiga, de la nieta y de la hermana, esa que discute o que ríe, que duerme o que no duerme, que sale a la calle a respirar la contaminación citadina pero que a la vez respira el aire de la patria querida y añorada de mejores días. Fui Sara, Sarita. La de la casa de esquina, la viejita que ama el café, la amante de baleadas y comida china. Allá no soy la estudiante de doctorado, multilingüe y jovencita, que no tiene vida social pero que tiene oficina.

No me malinterpreten. Ambas Saras me agradan. Deseo ser las dos siempre que pueda. No sé si puedan coexistir en el mismo lugar. Pero si sé que pueden respetarse mutuamente. Reconocer una la existencia de la otra. Ser ambas conscientes de que no se puede ser una sola.

Y bien, aquí termino mi saludo al 2019. Espero este año sea prolífico para el blog. Ya volveré a acariciar sus bandejas de entradas, voy calentando mi pluma y colocando el pie en el acelerador de mi mente.

Nos estaremos leyendo.

Sara Rico-Godoy*

personal·poesía

El luto del que está lejos

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Ilustración de Henn Kim

 

El que está lejos

no tiene derecho a guardar luto.

No puede llorar al borde de un sillón esperando un abrazo.

El que está lejos no puede lamentar horas continuas,

debe seguir la vida que está a su alrededor,

en un mundo que no para de moverse.

A nadie le importa su luto,

no debe interponer su dolor a sus deberes,

No hay un caminante que haga la pregunta:

un ¿Cómo estás? acompañado de una mano.

El que está lejos se ha autoeliminado

del juego familiar de lutos futuros.

El que está lejos no puede pedir un té de tila,

ni sentarse a ver el cadáver del difunto.

El que está lejos lo está porque quiso estarlo,

Así que ya no le digan que no llore,

ya no le pidan que quiera comer,

no le exijan que sea fuerte,

no se puede ser fuerte estando tan solo.

 

Sara Rico-Godoy

 

 

 

 

bitacora

En los vestidos de Juana de Castilla

¡Hola lectores!

Como ya saben, siempre que me pierdo trato de mantenerlos al tanto de un poco de lo que he estado haciendo en las últimas semanas, y por los momentos la aventura no puede ser menos que caótica.

En mi clase de literatura este semestre he tenido que elegir una novela histórica contemporánea, me he decidido por El pergamino de la seducción de Gioconda Belli, escritora nicaragüense muy reconocida internacionalmente y a la cual admiro enormemente. Esta novela reescribe la historia de Juana “la loca” ubicándola en el contexto del siglo XX con la vida de Lucía, nuestra protagonista.

Lucía, seducida por el historiador Manuel quien promete contarle la historia de Juana, comienza una especie de role play para recrear las vivencias de Juana, y esto lo hace a través de los vestidos renacentistas que Manuel la hace usar para sentirse Juana. Al principio lo de los vestidos me ha parecido una bobada, vamos, pero después también yo me he dejado hipnotizar y me ha encantado la utilización de este artefacto como un puente conductor entre la voz de Juana y la voz de Lucía. La novela está narrada por las dos voces femeninas principales en la obra, y el marco de separación está muy delimitado por el vestido. Lucía nos narra sus vivencias en el colegio de monjas; Juana nos narra su vida desde que se casa con Felipe el hermoso, y ambas historias se separan por una cosa: los vestidos. Es por eso que he seleccionado el uso de esta prenda como el tema de mi trabajo final para esta clase y la verdad estoy emocionada de ver qué hallazgos haré al respecto.

Cabe recalcar que después de leer esta novela es inevitable que mi percepción hacia Juana de Castilla cambie, la forma en que Belli me ha hecho entenderla es increíble y quiero unirme a esa ola es personas que están pidiendo una re-escritura de la historia de Juana, antes loca, sí, pero porque se nos hacía difícil pensar que una mujer que estuviera en su sano juicio no fuese tan devota católica y experimentara tanta pasión y celos por su ser amado. Quizás había algo malo con Juana mentalmente pero es necesario sentarnos a pensar si realmente ese estado mental no fue mera consecuencia de los maltratos y del encierro que sufrió.

Bueno, habrá mucho que decir pero por ahora déjenme ponerme el vestido de Juana.

¡Hasta la próxima, lectores!

Sara.

poesía

40: La soledad

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Ilustración de Henn Kim.

 

¿Cómo le huyo a la soledad?

A veces logro tocar con las yemas de los dedos su aura.

A veces

solo a veces-

la soporto con discresión y consuelo.

 

A veces me pregunta sobre el café tibio de las mañanas,

cálida y nostálgica.

A veces escuchamos cantar a la vecina,

o al bebé que por las noches, llora.

 

Pero,

Ya mi cuerpo no logra sentirse como uno acompañado,

ya las espaldas envejecen

los pies llagados, duelen.

Y los niños marchan hacia el norte

y están solos

-la soledad es estar solo y estar entre un montón de gente- 

 

La soledad es egoísmo,

es comer y hablar con la silla,

es decir al mueble “ya llegué”.

La soledad es “aquí no vengás”,

la soledad es “se lo merecen”

la soledad es me quedo aquí

la soledad es muero,

muero

y que nadie se de cuenta.

 

Sara Rico-Godoy

bitacora

A propósito de Fobias y otros menesteres…

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¡Saludos lectores!

El día de hoy nada más quiero bitacorear y contarles más o menos en dónde he estado metida estas últimas semanas.

La razón de mi poca frecuencia en cuanto a publiación muchos de ustedes la saben. Estoy actualmente sumida en mis estudios de doctorado y eso consume la mayor parte de mi tiempo. Sabía que esto sería así y bien pude haber cerrado el blog y decir adiós para la posteridad, sin embargo, no quise hacerlo así y decidí continuar aunque fuese publicando esporádicamente porque siento que me lo debo más a mí que a ustedes.

Como ya habrán notado me he quedado por el relato #4 de la entrega de Fobias. He querido rematar con los dos últimos cuentos pero el trabajo de la academia se me ha cruzado por en medio y he decidio postergar el proyecto. De todas maneras he notado que los relatos carecen de popularidad y han sido los menos apoyados y comentados en toda la historia de mi blog. Quiero preguntarles ¿Desean que finalice la entrega? ¿O prefieren ver otro tipo de escritos más ligeros y cortos? Si no hay comentarios en esta entrada entenderé que el experimento de Fobias ha sido fallido y pasaré página sin dolor, pues al final era nada más eso, un experimento.

Que estén bien y nos vemos en la próxima.

(Los estoy leyendo también)

Sara.

Narrativa

De fobias #4: La noche

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Ilustración de Shawn Cross.

Cuando llega, llega. Despedaza luces, sonrisas y desemboca en coordenadas de lágrimas ácidas que recorren mi cara hasta caer en el pecho que me apreto con ánimo de hacerle respirar. Desde que era niña encontraba en sus espacios un pesar. Y es que como muchos gustan de estar en la oscuridad de los sentimientos, del conocimiento, del espíritu, yo  rechazo sus tentáculos amenazadores. Todo comenzó una noche en que no pude contemplar el sueño, era apenas una niña. El que no sabe de amores, llorona, no sabe lo que es martirio. Yo salí de mi habitación para tomar un poco de agua, me dirigía a la cocina cuando lo escuché sollozando. Volteé para ver qué era y ahí estaba el pequeño, llorando y sentado en el sillón. Me pregunté qué hacía mi hermanito llorando en la sala, por qué no estaría en su cuarto, durmiendo. Tapame con tu rebozo, llorona, porque muero de frío.

—¿Qué te pasa, Arielito? ¿Qué tenés?

Solamente podía distinguir su silueta, la oscuridad es engañosa. Pero lloraba tanto que me acerqué para consolarle. Me senté a su lado y me sentí rara. Pero quería saber qué le pasaba.

—Arielito ¿Querés que le hable a mi mami?

Y él se detuvo por un momento. Noté que puso su cabeza entre las manos y se apoyó sobre sus rodillas. Yo no sabía qué hacer y comencé a acariciar su cabeza shhh, shhh. Todo va a estar bien.

Levantó la cabeza y me volteó a ver por un momento. Logré distinguir que sostenía su mirada sobre mí sin moverse y sin decir nada. También logré observar algo raro en su cara, mientras mi vista se aclaraba, noté que su cara era diferente, que algo parecía diferente a Arielito. Me sentí rara, sentí miedo y me levanté rápidamente para buscar la luz de la sala, tratando de tantear con las manos para no golpearme con ningún mueble. Finalmente la encontré y al encender la luz volteé hacia el sillón y él ya no estaba. Habia desaparecido.

El corazón me comenzó a palpitar rápidamente y corrí hacia el cuarto de Arielito para buscarlo. Al entrar noté que no estaba en su cama, entonces comencé a llamarlo por su nombre «Arielito, Arielito ¿Dónde estás?». Me dirigí hacia el cuarto de mi mamá y ella abrió la puerta antes de que yo llegara:

¿Qué pasa, qué pasa, hija?

 Es Arielito, Arielito, no está en su cama, se escapó, se escapó y está golpeado y estaba llorando en la sala le dije ya desesperada y ahogada en llanto.

Shhh, shhhh, tranquila hija. Todo estará bien — me dijo mi mamá mientras me abrazaba—  Ese no era Arielito, no lo era. Vos sabés que no.

― Pero él…él lloraba.

― Lo sé, lo sé. Ahora vamos a tratar de dormir ¿sí? ¿Querés dormir conmigo en mi cuarto?

Sí mami…sí. Pero con la luz encendida, necesito la luz encendida dije impaciente y aterrorizada.

Y me fui con ella a dormir a su habitación. Ay de mí, llorona, llorona. Su foto continúa en la mesita de noche de mi mamá, la de Arielito, cuando tenía cuatro años, un año antes de que muriera. Y yo desde ese día no puedo dormir sin al menos una luz cerca de mi cama, porque si se apaga, si hay un tan solo encuentro con la oscuridad entonces lo escucho, lo escucho sollozar, y lo veo, sentado en el sillón, o en la esquina de mi cama, y siempre, siempre está viéndome.

Sara Rico-Godoy**

bitacora

Una nueva etapa para el blog: Adiós, maga.

¡Saludos lectores!

La bitácora del día de hoy tiene el fin de informarles sobre la nueva etapa en la que entrará el blog a partir del primero de octubre, día que también me hago un año más vieja.

Ya hace cuatro años que el blog se conoce con el nombre de “Blog de una maga”, como ustedes ya saben. El seudónimo surgió desde los años en que participé en concursos de poesía y cuento utilizando el mismo, tanto por mi gusto por la magia potterniana, como por el famoso personaje de Cortázar.

Pero, como en todo, ha llegado el tiempo de cerrar ciclo. Como muchos habrán notado, la página llevó el dominio de blogdeunamaga. com por casi dos años, pero hace unos diez meses decidí descontinuarlo para dar a conocer el blog con mi nombre real. Quise hacer la transición poco a poco y finalmente encontré el día perfecto para cambiar el nombre del blog, que pasara de ser “Blog de una maga” al “El blog de Sara Rico”.

El cambio se debe a muchos factores. Me di cuenta que entrar a la edad vigésima octava significa para mí el acceso a una adultez que me he rehusado a acoger. Es entrar al ascensor hacia el tercer piso. Otro de los factores es que ya comienzan a surgir blogs de magos y magas ilusionistas reales -yo no lo soy- y yo comienzo a ser confundida por maga real en dicho gremio que no es el mío. Otro factor es que mi predilección por dicho seudónimo ya forma parte de una etapa en mi vida que ya no existe, si bien aún rindo culto a las maravillas creadas por J.K Rowling, ya no guardo afinidad con el personaje de Lucía la maga. Nunca tuve nada en común con ella y supongo que mi admiración venía de un deseo melancólico por ser una romántica pos-moderna (como todos los somos al comienzo de los veintes).

Sin embargo, no pienso renegar de un pasado literario gratificante y que me ha hecho quién soy hoy. El título de Blog de una Maga siempre guardará un espacio importante en mi corazón, pero es momento de avanzar y ser felizmente la académica e investigadora en la que me estoy convirtiendo, la cual difícilmente se identifica con un seudónimo como ese.

Agradezco a todos los que se dejaron llamar “magos lectores” por mí. A los que abrazaron mi magia y también me la dieron. Solo les aviso que dentro de poco verán su lector/timeline con una maga ausente, pero con una investigadora y académica que surge.

Hasta siempre, maga. Te dejo volar.

Sara Rico-Godoy.

Narrativa

De fobias #3: El parking

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Ilustración de Kate Louis Powell.

Veníamos de hacer el shopping mensual «Que ya viene tu cumpleaños», dijo mi mamá. Pensé que iríamos a casa, sí, a mi lugar seguro y tranquilo donde solo estamos ella y yo, todo el tiempo. Cargaba las bolsas, estaba feliz con mi ropa nueva, de Dalilah’s, que es la única tienda donde me siento cómoda, es que es de mediano tamaño ¿Sabés? no hay mucha gente, tiene salida fácil hacia la calle. Quién sabrá el súbito deseo de mi mamá por buscar un ATM y sacar dinero en ese preciso.

—Podemos ir al del banco en la esquina cerca de la casa, má. ¿Por qué ir hasta el mall? —le dije a mi mamá.

—Ahorita estamos más cerca del mall , necesito ese dinero ya.

—¿Pero qué diferencia hay entre tener el dinero ahorita y hasta que lleguemos a la casa? Sabés lo que me pasa cuando voy al mall. —Yo a ese punto ya molesta, le reclamé y le recordé lo que me pasa.

—Ok, ok. Voy a ir yo, te dejo en el parking, si querés.

El parking. ¿Quedarme sola en el parking?

—Será solo un rato, hija. Tranquila.

De pronto entramos, oscuro, lúgubre. Pensé que nos estacionaríamos cerca de la salida, pero estaba lleno de carros. Mi mamá siguió y siguió. Subía de nivel a nivel. Comencé a sentirme rara, comencé a preocuparme. Por fin encontramos un lugar y ahí nos quedamos.

—Ya vuelvo ¿ok?

No, no estaba ok.

—Ok, pero no te tardés —fue lo último que le dije antes que se fuera.

Y mi mamá cerró la puerta haciendo un sonido estruendoso que me recordó que me quedaría sola ahí. Comenzaba a sudar, y pensé que debí haber ido tras ella. Pero no. No podía. La gente, los gritos, el espacio, mi aire. Viendo las imágenes de todo eso pasar por mi mente me vuelve loca.

Respirá, respirá.

El carro había quedado abierto, así que podía salir. Decidí hacerlo, salí y me sentí mejor. Me apoyé en la puerta del carro y crucé los brazos. Ahí esperaría. Pensaba que vería carros pasar, gente caminando, pero no fue así.

¿Dónde estoy? ¿En qué piso quedamos?

Muchas preguntas comenzaron a invadirme y decidí caminar más. Vi a mi alrededor, había pocos carros y ni una tan sola persona.

¿Donde están todos? 

Comencé a caminar más rapido. Pensé en buscar la salida, pero el parking era inmenso. No veía el ascensor, no veía escaleras. Mi respiración se agitaba, sentía nervios en el estómago. No podía pensar bien. Caminaba más y me confundía, volvía hacia atrás y me dirigía hacia el lado contrario. Luego, perdí de vista el carro.

Puta ¿Y el carro? ¿Cómo salgo de aquí ahora? 

Pensé en el carro, debía llegar el carro y sacarlo de ahí  para esperar a mi mamá afuera. Pero ahora se había perdido. No recordaba de qué color era, ni cómo era, nada. Comencé a desesperarme. Corrí y vi una camioneta color terracota a mi lado derecho «Se parece a la de mi papá», pensé. Y me acerqué. Pero luego comencé a recordar, y me detuve. Di tres pasos hacia atrás, asustada y quedé petrificada viendo la camioneta. No me quería mover. Los recordaba a ellos dos, adentro del carro, desnudos, sudando. Sentí miedo, no podía respirar bien y decidí alejarme de la camioneta. Comencé a caminar de nuevo, más rápido.

El carro, ¿Dónde está el carro? por favor.

Y comencé a llorar mientras corría. Lloraba más cada vez. El sitio se hacía más grande frente a mis ojos. Era tan grande que me desesperé, me desesperé yo no, no sabía qué hacer. Tenía que salir de ahí. Sentía que la respiración se me cerraba, el corazón me palpitaba rápidamente. Casi se me salía.

Me voy a morir, nadie me va a poder ayudar, me voy a morir.

Corrí frenéticamente, llorando y gritando, hasta que finalmente, me detuvo el embiste de la camioneta terracota. No la escuché, no la sentí. Todo pasó muy rápido. Me suspendí en el aire en cuestión de segundos y después caí en el piso de concreto del parking. Recuerdo voces, gente comenzó a rodearme. Me preguntaban si estaba bien.

¿Y dónde estaba toda esa gente antes?

Y no recuerdo nada más después de eso. Y por eso estoy aquí, miráme. Pierna rota y cuello lastimado. Mi mamá luego vino por mí, asustadísima. No entiende qué andaba haciendo yo en el nivel tres si ella había estacionado en el cinco del parking. Me dice que la camioneta que me atropelló era negra, que estaba segura porque vio los videos en la cámara de seguridad. Pero no, no. Yo sé lo que vi. «Era terracota», le dije, «Terracota como la de mi papá».

Sara Rico-Godoy.